En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
A veces, la vida se siente como una cocina llena de ruido. Es el sonido de los platos, la prisa por tener todo listo, la preocupación por que nada falte. Todos conocemos esa sensación de Martha, la protagonista de nuestro Evangelio de hoy. Ella está en su casa, y el Invitado más importante de la historia ha llegado. Martha quiere que todo sea perfecto. Quiere que el servicio sea impecable. Pero en ese afán, en ese ir y venir, algo se le escapa. Se le escapa el Invitado mismo.
Jesús, con una ternura que desarma, le dice: 'Martha, Martha, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de una sola'. Es una frase que parece detener el tiempo. Es una frase que nos invita a dejar de mirar el reloj, a dejar de mirar las tareas pendientes, y a volver la mirada hacia lo único que realmente sostiene nuestra existencia: la presencia de Dios.
Benjamin Vo, nuestro querido Ben, tenía una mente que funcionaba como un sistema complejo, siempre buscando la eficiencia, siempre aprendiendo, siempre creando. Él era un joven que podía sumergirse en el código, en la lógica de un sistema, con la misma naturalidad con la que otros niños juegan. Pero, ¿saben? Lo que verdaderamente definía a Ben no era su capacidad técnica, ni sus proyectos, ni su ambición por crear su 'Con Chim Airlines'. Lo que definía a Ben era su capacidad de sentarse a los pies de Jesús, de ser, simplemente, un hijo amado.
Recuerdo una imagen de Ben en casa, con esa sonrisa radiante que siempre llevaba, sentado con su familia, compartiendo el tiempo, disfrutando de la compañía de los suyos. En esos momentos, Ben no estaba 'haciendo'; Ben estaba 'siendo'. Él sabía que la vida no se mide por la cantidad de tareas completadas, sino por la profundidad del amor compartido. Él tenía esa sabiduría de los santos, esa intuición de que el tiempo es un regalo que debe ser vivido en la presencia del Señor.
Alan, Thao, Ryan… sé que en estos meses, el silencio de la casa puede sentirse a veces como una ausencia de esa vivacidad, de ese brillo que Ben traía consigo. Sé que, a veces, la mente intenta buscar explicaciones, intenta entender los caminos del Señor, y esa búsqueda puede ser agotadora. Pero hoy, la Palabra de Dios les pide que descansen. 'Hay necesidad de una sola cosa', dice Jesús. Y esa única cosa es confiar. Confiar en que Ben está en el mejor lugar posible, en el 'Banquet of Heaven', donde ya no hay ansiedad, ni preocupaciones, ni prisas. Él está en la presencia de Aquel que lo formó en el seno materno, Aquel que lo conocía antes de que fuera concebido, como nos recuerda el Salmo 139: 'Tú has formado mis entrañas, me has tejido en el seno materno'.
Dios no es un extraño para Ben. Dios es su hogar. Y Dios, que es el autor de la vida, cuida de Ben con un amor mucho mayor del que nosotros podemos imaginar. Ustedes no han perdido a Ben. Él ha pasado a una forma de presencia que no está limitada por el tiempo ni por el espacio. Él está en la luz de Dios, y desde allí, sigue siendo parte de su familia, sigue siendo el hermano de Ryan, sigue siendo el hijo amado de Alan y Thao.
¿Saben qué es lo mejor de sentarse a los pies de Jesús, como hizo María en el Evangelio? Que uno aprende a ver el mundo con los ojos de Dios. Cuando nos sentamos con el Señor, las preocupaciones que nos agobiaban pierden su peso. El dolor se transforma en una forma de oración. La ausencia se convierte en una espera esperanzada. Ben, con su curiosidad infinita, con su deseo de explorar el mundo, siempre estaba buscando algo más. Ahora, él ha encontrado la respuesta a todo. Él está en la Fuente de la Verdad, en la Fuente de la Sabiduría que tanto le apasionaba.
Ryan, hermano, tú eres el guardián de esa luz aquí en la tierra. Sé que a veces sientes que falta el copiloto en la cabina de tu vida. Pero recuerda que el amor de Ben no se ha quedado atrás. Él sigue siendo tu hermano, sigue siendo parte de tu historia, de tu valentía, de tu sonrisa. No tengas miedo de ser feliz, de jugar, de explorar el mundo con la misma curiosidad que él tenía. Cada vez que eres amable, cada vez que buscas la verdad, estás manteniendo viva la esencia de Ben. Él no es un recuerdo; es una presencia que te anima a seguir volando.
Quiero hablarles a todos los que hoy cargan con una ausencia, a todas las familias que, como la de Ben, se preguntan cómo seguir cuando una parte del corazón parece haberse ido al cielo. La respuesta de Jesús no es una explicación teológica; es un abrazo. Es la invitación a hacerse pequeños, a reconocer que no necesitamos tener todas las respuestas para ser amados por Dios. Dios no nos pide que seamos fuertes todo el tiempo; nos pide que seamos honestos con nuestra fragilidad. Cuando se sientan abrumados por la tristeza, cuando la noche se haga larga, recuerden que hay ángeles que los rodean, que hay una presencia que sostiene tanto sus vidas como la vida de Ben. Dios es el primero en llorar con ustedes, y es el primero en recoger cada lágrima para convertirla en una perla de consuelo.
San Pablo, en la primera lectura, nos habla de cómo Dios, que lo había apartado desde el seno materno, se le reveló para que pudiera proclamar su nombre. Ben también fue apartado por Dios. Su vida, aunque breve en años, fue una vida plena de gracia, una vida que dejó una huella indeleble en todos los que lo conocieron. Su amor sigue fluyendo, no solo en sus corazones, sino en el mundo, como esa agua que brota del pozo en Cà Mau, dando vida a quienes más lo necesitan. Su legado no es una lista de logros, sino una estela de bondad. Cada vez que ustedes actúan con misericordia en su nombre, cada vez que perdonan, cada vez que cuidan de alguien que sufre, están haciendo que Ben siga presente, que su luz siga brillando en medio de las sombras.
No busquen a Ben en el pasado, como si fuera una fotografía en un álbum. Búsquenlo en el presente, en cada acto de amor que ustedes realicen. Él está ahí. Él está en la paz que Dios les regala en medio de la tormenta. La Virgen María, que estuvo al pie de la cruz y vio a su Hijo entregarse por nosotros, sabe mejor que nadie lo que es el dolor de una madre y de un padre. Ella no se alejó; ella permaneció firme, sosteniendo la esperanza cuando todo parecía perdido. Ella los sostiene a ustedes ahora. No tengan miedo de llorar, pero tampoco tengan miedo de confiar.
Al salir de aquí, no busquen resolver el misterio de la vida hoy. Solo les pido un pequeño gesto: busquen una forma de ser 'niños' ante Dios. Quizás sea simplemente decir: 'Señor, no entiendo, pero confío en ti'. O quizás sea hacer un pequeño favor a alguien, sin esperar nada a cambio, solo por amor, como Ben lo hacía. Al hacerlo, verán que el amor es más fuerte que la muerte, que el cielo no es un lugar lejano, sino una realidad que se hace presente en cada acto de caridad. Que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, los guarde en su amor hoy y siempre.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los proteja, que haga brillar su rostro sobre ustedes y les conceda su paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.