En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo, que nos invita a caminar siempre en su verdad, esté con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros por las veces que nuestro corazón se ha cerrado a tu voluntad. Cristo, ten piedad de nosotros por las veces que hemos juzgado en lugar de amar. Señor, ten piedad de nosotros y enséñanos tus caminos.
A veces, la vida se nos presenta como un mapa que hemos trazado con cuidado, con líneas rectas y destinos claros. Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era un joven que amaba los mapas. Amaba la precisión de una ruta de vuelo, la lógica de un sistema de navegación, la seguridad de saber exactamente hacia dónde se dirigía un Boeing 737 cruzando el Atlántico. Él encontraba paz en el orden, en el código bien escrito, en la estructura que sostiene las cosas. Y nosotros, como padres y como hermanos, también buscamos ese orden. Queremos creer que si seguimos las instrucciones, si amamos bien, si somos constantes, el camino será siempre despejado. Pero hoy, la Palabra de Dios nos invita a mirar algo mucho más profundo: no el mapa, sino el corazón del Caminante.
En el Evangelio, Jesús nos presenta a dos hijos. Uno dice que no, pero luego va al viñedo. El otro dice que sí, pero se queda en casa. Es una escena tan humana, ¿verdad? ¿Cuántas veces hemos dicho 'sí' con los labios mientras el corazón estaba lleno de miedo, y cuántas veces hemos sentido que nuestra respuesta era un 'no' cargado de dolor, pero aun así, hemos seguido caminando hacia el viñedo de Dios, incluso entre lágrimas? Ben, con esa mente brillante suya, sabía que la vida no siempre se puede programar. Él, que podía descifrar un sistema complejo de AWS con la facilidad con la que otros juegan, entendió pronto que el amor es el único sistema que no se puede hackear. El amor simplemente se vive.
Alan, Thao, Ryan… sé que hay días en los que el dolor se siente como un error de sistema que no pueden corregir. Sé que miran atrás y se preguntan si el mapa estaba mal trazado, si hubo un desvío que pudieron evitar. Pero escuchen la respuesta de Jesús en el profeta Ezequiel: «¿Es mi camino el que no es justo? ¿No son sus caminos los que no son justos?». Dios no nos está juzgando. Dios no está mirando el pasado para ver dónde fallamos. Él está mirando el presente para ver si estamos dispuestos a caminar con Él. Y quiero decirles algo con toda la ternura de la Iglesia: ustedes no fallaron. No hubo un desvío que Ben o ustedes pudieran haber evitado. La enfermedad no es un castigo, no es una consecuencia de algo que alguien hizo o dejó de hacer. Es un misterio, sí, pero es un misterio que está envuelto en el amor de Dios, no en su juicio. Por favor, dejen descansar esa piedra de la culpa. Dios no los acusa. ¿Cómo podría acusar a quienes han amado con tanta entrega, a quienes han sido el puerto seguro de un hijo tan maravilloso? Ustedes le dieron a Ben un mundo de amor, de viajes, de curiosidad y de risas. Ese es el único mapa que cuenta al final.
Recuerdo una de las historias que compartieron sobre Ben: ese momento en Bangkok, cuando él, con esa terquedad dulce y curiosa, decidió probar el Pad Thai a pesar de las advertencias. Estaba llorando por el picante, pero al mismo tiempo se reía. Esa era su esencia. Él no se guardaba nada. Él se lanzaba a la vida. Y eso es lo que el apóstol Pablo nos pide hoy en la carta a los Filipenses: «Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús». ¿Qué sentimientos tuvo Jesús? El sentimiento de vaciarse a sí mismo. Jesús no se aferró a su divinidad; se hizo pequeño, se hizo niño, se hizo uno de nosotros. Ben vivió esa misma humildad. No la humildad de quien se siente menos, sino la de quien se siente parte de algo más grande. Cuando él ofreció su alcancía para ayudar a su tío William, no estaba buscando aplausos. Estaba simplemente reconociendo que, en la familia de Dios, el tesoro de uno es el tesoro de todos. Esa oferta, ese deseo de darlo todo sin pedir nada, es el eco exacto del corazón de Cristo.
Ryan, hermano, sé que a veces sientes que el equipo está incompleto. Sé que el copiloto de tus aventuras, el hermano que compartía tus risas y tus silencios, parece estar lejos. Pero Ben no está lejos. Él está en el 'Banquet of Heaven', donde los aviones no necesitan combustible y donde la lógica de Dios lo explica todo. Él te está mirando, y te está pidiendo que sigas volando. Sigue con esa pasión por la vida que compartían. Sigue siendo el hermano que él amaba tanto. Cada vez que tú eres valiente, cada vez que tú intentas algo nuevo, cada vez que tú sonríes, una parte de Ben sigue aquí, caminando contigo. No estás solo en el hangar de la vida; tienes el mejor copiloto intercediendo por ti desde el cielo.
El Señor nos dice en el Evangelio que los cobradores de impuestos y las prostitutas entrarán antes al Reino. ¿Por qué? Porque ellos sí cambiaron de opinión. Ellos sí se dieron cuenta de que su camino no los llevaba a ninguna parte y se volvieron hacia Dios. Hoy, el llamado es a ese cambio de mentalidad. No busquen entender el 'porqué' de la ausencia de Ben con la lógica del mundo. El mundo dirá que es una pérdida. Pero el Reino dice que es una semilla. Una semilla que ha caído en tierra buena y que está dando fruto en la vida de quienes lo conocieron. El pozo de agua que lleva su nombre, el amor que ustedes siguen repartiendo, la forma en que cuidan de los otros en su nombre… todo eso es la vida de Ben que sigue fluyendo. Él no se ha ido; se ha convertido en una fuente.
No se culpen por el dolor. El dolor es el precio del amor, y ustedes han amado tanto. Si el dolor es grande, es porque el amor fue inmenso. No cambien ese amor por nada. Sigan siendo la familia que Ben eligió. Sigan contándole sus historias a Ryan. Sigan hablando de 'Con Chim Airlines' con esa sonrisa que Ben tenía. Él está presente en cada recuerdo. Él está presente en la paz que, poco a poco, Dios les irá dando cuando se sientan cansados de cargar el mapa.
Hoy, al salir de aquí, quiero pedirles algo pequeño. No intenten resolver el futuro. Solo vivan este día. Hagan un gesto de bondad, por pequeño que sea, en nombre de Ben. Quizás una palabra de consuelo para alguien que también está sufriendo, o un momento de gratitud por haber tenido a un hijo tan brillante y dulce. Al hacerlo, verán que el camino no se ha terminado. Solo ha cambiado de ruta, y es una ruta que, aunque no la entendamos ahora, nos lleva directamente al abrazo de Dios. Ben ya está allí, esperándolos. Y mientras tanto, él camina con ustedes, en cada paso, en cada aliento, en cada latido de su amor que nunca, nunca se extinguirá. Que la Virgen María, que también tuvo que aprender a confiar bajo el pie de la cruz, los sostenga hoy y siempre.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga, los guarde en su paz y les conceda la fortaleza de saberse amados infinitamente. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.