En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. La paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que nos invita a confiar como niños en el abrazo del Padre, esté con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
A veces, la vida se siente como un libro escrito con una pluma de hierro sobre una roca, tal como decía Job. Hay momentos, eventos, fechas que quedan grabadas a fuego en nuestra historia: el nacimiento de un hijo, su primera sonrisa, el día en que su curiosidad infinita comenzó a explorar los mapas del mundo. Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era un joven que vivía con esa intensidad, con esa mente brillante que no solo observaba el mundo, sino que quería entender cómo funcionaba, desde la lógica de los sistemas de computación hasta la trayectoria de un vuelo transoceánico. Él era un joven que, como Teresita, a quien recordamos hoy, descubrió que la grandeza no reside en los grandes gestos, sino en la inmensidad de un amor entregado en lo pequeño.
Job, en medio de su desolación, exclama: '¡Oh, si mis palabras fueran escritas! ¡Si fueran grabadas en una roca para siempre!'. Job buscaba un testimonio, una prueba de que su vida, su dolor y su fe no eran en vano. Ustedes, Alan, Thao, Ryan, han sentido ese mismo deseo. Han querido que la vida de Ben, su bondad, su sonrisa, su inteligencia, queden grabadas no solo en la memoria, sino en la realidad misma de este mundo. Y es verdad: su vida no se ha desvanecido. Como esa agua que brota del pozo en Cà Mau, su amor sigue fluyendo, sigue dando vida a quienes más lo necesitan, transformando el desierto en un jardín.
Quiero hablarles hoy de esa 'confianza' de la que hablaba Santa Teresita. Ella nos enseñó que la santidad no es una carrera de méritos, sino un camino de abandono total en los brazos de Dios. Ben, con esa dulzura que lo caracterizaba, tenía esa misma intuición. ¿Recuerdan aquel impulso de su corazón cuando, al enterarse del sufrimiento de su tío William, quiso ofrecer todo lo que tenía, su alcancía entera, para ayudar? No importó que no fuera necesario, que el dinero no fuera el remedio. Lo que importa es el movimiento de su alma: un niño de quince años que, ante el dolor ajeno, no se protege, no se guarda nada, sino que se ofrece por completo. Ese es el corazón de un discípulo. Eso es lo que Jesús buscaba cuando enviaba a los setenta y dos: personas que no llevaran equipaje, que no cargaran con el peso del cálculo, sino que fueran con la paz como único estandarte.
Jesús les dice: 'Vayan; los envío como corderos en medio de lobos'. Es una imagen que nos estremece. El mundo, a veces, parece ser un lugar de lobos, donde el dolor, la enfermedad y la pérdida parecen tener la última palabra. Pero Jesús no los envía a ser lobos. Los envía a ser corderos, a llevar la paz, a curar a los enfermos, a decir: 'El Reino de Dios está cerca'. Ben fue ese cordero. Su vida, aunque breve en el tiempo, fue un mensaje de paz. Su sonrisa, su capacidad de escuchar las historias de su padre como si fueran los relatos más fascinantes del mundo, su amor por Ryan, su hermano, son el testimonio de alguien que ya vivía en el Reino. Él no necesitaba grandes títulos; él tenía el título de hijo amado.
Sé que hay noches, especialmente en estos tres meses, en las que el silencio de la casa se vuelve pesado. Sé que, a veces, la mente se pierde en el laberinto de los 'por qué'. Se preguntan si hubo algo que se pudo hacer, si hubo una señal que se pasó por alto. Quiero decirles algo con toda la verdad del Evangelio: Dios no es un juez que busca culpables. Cuando los discípulos le preguntaron a Jesús por el hombre ciego de nacimiento, quién había pecado, si él o sus padres, Jesús respondió: 'Ni él, ni sus padres'. El sufrimiento no es un castigo, no es el resultado de una omisión humana. A veces, la vida nos golpea con una fuerza que no podemos controlar, y no hay vigilia, ni cuidado, ni amor humano que pueda detener el curso de ciertas tormentas. Ustedes no fallaron. Ustedes fueron el amor de Dios hecho carne para Ben. Ustedes le dieron el mundo, le dieron el hogar, le dieron la seguridad de ser amado incondicionalmente. No se acusen. Dios no los acusa. Dios, al contrario, los abraza en su dolor.
Ben está en la plenitud de esa 'tierra de los vivos' de la que nos habla el Salmo. Él, que amaba la aviación, que soñaba con su 'Con Chim Airlines', ahora ha alcanzado el vuelo más alto. Él no está lejos. Está en el corazón de Dios, donde el tiempo se detiene y el amor se hace eterno. Ryan, hermano, tú eres el guardián de esa luz. Tú, que compartiste con él los juegos, los sueños y la vida, sigue adelante con la alegría que Ben te dejó. Él te acompaña en cada paso, en cada momento en que decides ser valiente, en cada vez que recuerdas sus risas. No estás solo. Tienes un hermano que te cuida desde la luz.
La vida de Ben, como la de Teresita, nos recuerda que Dios se encuentra en lo cotidiano. En el abrazo, en la historia contada, en el deseo de ayudar al prójimo. Ese es el Reino que está cerca. No es un lugar lejano al que iremos algún día; es la presencia de Dios en el amor que ustedes se tienen hoy. Cuando se sientan cansados, cuando el peso parezca insoportable, recuerden que Jesús les pide que se detengan, que descansen, que coman y beban lo que se les ofrece, que reciban la paz. No intenten cargar el mundo ustedes solos. Dios es el dueño de la cosecha, no ustedes. Él es quien sostiene a Ben, y Él es quien los sostiene a ustedes.
Les pido que hoy, al salir de aquí, no busquen respuestas complicadas. Solo hagan un pequeño gesto de amor en nombre de Ben. Puede ser una palabra de consuelo para alguien que se siente solo, una oración por una familia que atraviesa un momento difícil, o simplemente un momento de gratitud por haber tenido el regalo de su vida. Al hacerlo, verán que la luz de Ben no se apaga; al contrario, se multiplica. Su amor sigue trabajando en el mundo, sigue dando frutos, sigue sanando corazones.
La Virgen María, que estuvo al pie de la cruz y vio a su Hijo entregarse por amor, sabe lo que es el dolor de una madre y de un padre. Ella los sostiene. Ella los acompaña. No tengan miedo de llorar, no tengan miedo de extrañar. Pero, sobre todo, no tengan miedo de esperar. Porque llegará el día en que, como dice Job, 'con mis propios ojos veré a Dios'. Y en ese encuentro, verán también a Ben, esperándolos con esa sonrisa que nunca se borró, con esa curiosidad que ahora conoce todos los secretos del cielo. Mientras tanto, sigan viviendo con esperanza. Sigan siendo la familia que Ben amó. Él está con ustedes, en cada aliento, en cada latido, en la paz que Dios les regala hoy. Que la bendición de Dios, que es más fuerte que cualquier ausencia, los acompañe siempre.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los acompañe y les conceda su paz. Pueden ir en paz.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.