En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre, que nos ha hecho hijos de la libertad, esté con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros por las veces que nos sentimos esclavos de nuestros miedos. Cristo, ten piedad de nosotros por las veces que buscamos señales en lugar de confiar en tu amor. Señor, ten piedad de nosotros y haznos libres en tu Espíritu.
A veces, la vida se parece a ese momento en el que uno está de pie en la pista de un aeropuerto, observando cómo los gigantes de metal, esos Boeing 737 que tanto fascinaban a nuestro querido Ben, se elevan hacia el cielo. Desde abajo, el avión parece pequeño contra la inmensidad del azul. Pero sabemos que, una vez que rompe la capa de nubes, el sol siempre está brillando. Hoy, San Pablo nos invita a mirar hacia arriba, a salir de la estrechez de la esclavitud para abrazar la inmensidad de la libertad de los hijos de Dios.
San Pablo nos habla de dos mujeres: Agar y Sara. Una representa la esclavitud, la ley, el esfuerzo humano que nunca es suficiente; la otra representa la promesa, la gracia, la libertad que Dios nos regala gratuitamente. 'Por la libertad nos ha liberado Cristo', nos dice. ¡Qué palabras tan poderosas! A menudo, vivimos como si tuviéramos que ganar nuestra paz, como si tuviéramos que descifrar un código complejo o completar una tarea perfecta para ser amados. Pero la fe no es un algoritmo. La fe es reconocer que ya somos hijos de la mujer libre. Ya somos hijos de la promesa.
Ben tenía esa mente brillante, una capacidad asombrosa para entender la lógica de los sistemas, para ver cómo las piezas de un rompecabezas digital encajaban con precisión. Él amaba la claridad de una buena estructura. Pero, ¿saben qué era lo más hermoso de Ben? Que su corazón era aún más grande que su inteligencia. Tenía esa dulzura natural, esa capacidad de sonreír incluso cuando las cosas se ponían difíciles, como aquella vez que quiso probar comida picante en un viaje, sabiendo que le ardería, pero disfrutando de la aventura y del momento compartido con ustedes, su familia. Él no buscaba la seguridad del que se queda en tierra; él tenía el espíritu de quien está dispuesto a volar.
En el Evangelio de hoy, Jesús es confrontado por una multitud que busca una señal. Quieren pruebas, quieren ver algo espectacular que valide su fe. Jesús les dice que no se les dará más señal que la de Jonás. ¿Qué significa esto? Jonás fue un signo para los ninivitas porque les trajo una llamada a la conversión, a volver al corazón de Dios. Jesús es el signo definitivo: Él es la Palabra que se hizo carne, el amor que no necesita pruebas porque se entrega por completo. A veces, nosotros también, como esa multitud, pedimos señales. Pedimos explicaciones, pedimos entender por qué el camino tiene curvas tan cerradas o por qué el vuelo parece terminar antes de lo que esperábamos.
Pero el Señor nos invita a dejar de buscar señales en el horizonte y a empezar a mirar la presencia de Dios en el presente. El 'signo' no está en el futuro; el signo está aquí. Está en el amor que ustedes, Alan, Thao y Ryan, se tienen. Está en la memoria de Ben, que no es una ausencia, sino una luz que sigue guiando sus pasos. Ustedes no son esclavos de un pasado doloroso; son hijos de la promesa, llamados a vivir en la libertad de los hijos de Dios.
Sé que hay días en que el peso de la ausencia se siente como una cadena. Sé que el corazón, a veces, se encierra en la pregunta de por qué las cosas son como son. Pero escuchen la Palabra: 'Reconforten a los que están tristes'. El Señor no les pide que dejen de sentir el dolor; Él les pide que no se queden atrapados en él. Ben está en la casa del Padre, en esa Jerusalén de arriba que es nuestra madre, donde ya no hay fatiga, ni confusión, solo la alegría plena de ser quien Dios nos creó para ser. Él los mira con esa misma sonrisa que siempre tuvo, una sonrisa que ahora conoce la paz que nosotros apenas podemos vislumbrar.
Ryan, hermano, tú eres el guardián de esa luz. Ben te mira con un orgullo inmenso. Sigue adelante con esa curiosidad, con esa brillantez, con esa capacidad de soñar que compartían. Cuando mires al cielo y veas un avión, cuando te sientes frente a una pantalla a crear algo nuevo, recuerda que tu hermano está contigo. Él no se ha ido a un lugar lejano; él está en el corazón de Dios, y desde allí, te anima a vivir con la misma intensidad y la misma bondad que él demostró. Tú eres el heredero de esa alegría, de esa curiosidad, de ese amor que no conoce fronteras.
Para todos los que hoy cargan con una cruz que parece demasiado pesada, quiero decirles esto: el amor de Dios no es una recompensa por haberlo hecho todo bien. Es un regalo que se nos da precisamente cuando no podemos más. Si hoy se sienten como la 'mujer estéril' de la que habla la Escritura, si sienten que su vida ha perdido su fruto, miren hacia la promesa. Dios es capaz de hacer surgir vida donde nosotros solo vemos desierto. El 'Well of Love' que lleva el nombre de Ben, ese pozo que da agua viva a los sedientos, es un signo vivo de que el amor de Ben sigue fluyendo. No se detuvo; se transformó en una fuente de bendición para otros. Cada acto de bondad que ustedes realizan, cada vez que ayudan a alguien en su nombre, están permitiendo que el amor de Dios llegue a lugares que nunca imaginaron.
No busquen a Ben en el ayer. Búsquenlo en el amor que todavía brota de su familia. Búsquenlo en la paz que se instala en su corazón cuando se sientan a rezar. Él está bien. Él está en el banquete del cielo, donde la libertad es total y la alegría es eterna. Y él los espera, con esa sonrisa que nunca se apagó, con esa curiosidad que ahora conoce todos los secretos del universo. No se culpen, no se cuestionen, no intenten cargar con el peso del mundo. Ustedes han amado bien. Ustedes han sido, y siguen siendo, el mejor regalo que Ben pudo tener.
Al salir de aquí, les pido una cosa sencilla: hoy, en honor a Ben, hagan un pequeño gesto de libertad. Suelten una preocupación que les quita el sueño. Perdonen algo que les pesa en el corazón. Compartan una sonrisa con alguien que parezca estar atrapado en su propia tristeza. Al hacerlo, verán que el amor es más fuerte que cualquier cadena, y que la libertad de los hijos de Dios es la única realidad que realmente importa. Que el Señor los bendiga, que su luz ilumine sus noches, y que la paz de Cristo, que sobrepasa todo entendimiento, los guarde en su amor hoy y siempre. Ben está bien. Él es feliz. Y él, desde la luz, los espera con esa sonrisa que nunca se apagó, con esa curiosidad que ahora conoce todos los secretos del cielo.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor nos conceda la gracia de vivir siempre como hijos de la luz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.