En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que nos guía con su Palabra, esté con todos ustedes.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
Hay momentos en la vida que se sienten como una maleta abierta, lista para un viaje que no planeamos. Miramos lo que tenemos dentro —nuestros recuerdos, nuestras certezas, nuestras herramientas— y nos preguntamos qué es realmente esencial para el camino que tenemos por delante. En el Evangelio de hoy, Jesús convoca a los Doce y les da una instrucción que parece, a primera vista, casi imprudente. Les dice: 'No lleven nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengan dos túnicas'. Imaginen por un instante la ligereza de ese equipaje. Jesús no les está pidiendo que se despojen de sus pertenencias por el simple hecho de ser pobres; les está pidiendo que se despojen de la ilusión de que son ellos quienes controlan el destino. Les está pidiendo que confíen, no en lo que llevan en la mochila, sino en Aquel que los envía.
Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era un joven que amaba la lógica de los sistemas. Él entendía, con esa mente brillante que Dios le regaló, que para que una red funcione, para que un código corra, para que un avión despegue, debe haber una estructura, un orden, una precisión técnica. Él disfrutaba de la arquitectura de la tecnología, de esos entornos de nube que su padre dominaba y que él exploraba con una curiosidad que no conocía techos. Pero, más allá de esa fascinación por la técnica, Ben poseía una sabiduría que a veces nos toma toda una vida aprender: la sabiduría de la sencillez. Él sabía que, al final del día, lo que realmente nos define no es lo que construimos, sino quiénes somos y a quién amamos. Esa es la lección de la túnica única. Es la lección de quien sabe que, aunque el mundo sea vasto y complejo, el corazón solo necesita una cosa: estar en la presencia del Señor.
La primera lectura de hoy, del libro de los Proverbios, nos ofrece una oración profunda: 'Dame el sustento necesario; no sea que, estando harto, reniegue y diga: ¿Quién es el Señor?'. Es una advertencia contra la autosuficiencia, contra esa tentación de creer que somos los arquitectos absolutos de nuestra propia felicidad. Ben, con su corazón tierno y su sonrisa que iluminaba cualquier habitación, nos enseñó exactamente lo contrario. Él no renegaba; él agradecía. Él no se encerraba en su propia brillantez; él se abría al encuentro. ¿Recuerdan esa disposición suya, ese gesto de querer ofrecer su propia alcancía para ayudar a su tío William? No fue el dinero lo que importó; fue la pureza de un alma que ya sabía que todo lo que tenemos es un don, y que el amor es el único tesoro que, al ser compartido, se multiplica.
Sé que para ustedes, Alan y Thao, y para ti, Ryan, el camino a veces se siente pesado. Sé que hay días en los que la ausencia de Ben se siente como una carga que no se puede aligerar. Cuando miran su silla vacía, cuando el silencio en casa parece un eco de lo que fue, es natural sentir que el equipaje es demasiado grande para llevarlo solo. Pero escuchen la promesa de la Escritura: 'Él es escudo para los que se refugian en él'. Dios no les pide que carguen con el peso del mañana. Él les pide que, como los discípulos, se dejen sostener por Su Palabra. Esa Palabra es la lámpara para sus pasos, como nos recuerda el salmista. No les da luz para todo el camino, no les muestra el destino final a kilómetros de distancia, pero les da la luz necesaria para el paso que están dando hoy. Un paso a la vez. Un día a la vez.
Ryan, hermano querido, sé que a veces miras al cielo y buscas a tu hermano mayor, recordando esas tardes de juego, esas risas compartidas, esos momentos en los que simplemente 'ser' juntos era suficiente. Sé que la vida sin él se siente como una configuración incompleta. Pero recuerda que Ben no se ha ido de tu equipo. Él te ha dejado un legado de valentía y de curiosidad. Él te enseñó que intentar es lo que realmente importa, que no hay que temer al fracaso porque el amor que ponemos en lo que hacemos nunca se pierde. Él te acompaña en cada sueño que construyes, en cada risa que compartes con tus padres, en cada gesto de bondad que realizas en su nombre. Él está contigo, no solo como un recuerdo, sino como una presencia que te anima a seguir volando, a seguir explorando, a seguir siendo esa persona maravillosa que eres.
El Evangelio nos dice que los discípulos 'se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea anunciando la Buena Noticia'. Ese es nuestro llamado hoy. Benjamin, con su vida, fue un anunciador de esa Buena Noticia. Él la anunció con su sonrisa, con su respeto, con esa capacidad de asombro que tenía ante la creación. Él nos mostró que, incluso en un mundo tan lleno de ruido y de tecnología, todavía es posible ser un alma sencilla, un corazón que confía. Su vida, tan plena y tan luminosa, no fue una interrupción; fue un vuelo que alcanzó su destino más alto, el corazón del Padre. Y desde allí, desde ese 'Banquet of Heaven' donde ahora descansa, Ben sigue siendo un intercesor para ustedes. Él sigue siendo esa luz que, a través de los pequeños gestos de amor que ustedes realizan en su nombre —como ese pozo de agua que hoy da vida a quienes más lo necesitan—, sigue fluyendo en el mundo.
No busquen hoy respuestas que solo el cielo puede dar. No traten de entender por qué el mapa cambió de ruta. La paz no vendrá de los cálculos, ni de la lógica, ni de las explicaciones; vendrá de la confianza. Jesús está con ustedes. Él es el Compañero de viaje que no les pide que lleven nada, porque Él mismo es todo lo que necesitan. Él es el escudo que los protege, la luz que ilumina su camino y el abrazo que sostiene a Ben en la gloria. Ustedes han sido padres y hermanos ejemplares. Han amado bien. Han sido el hogar de Ben, y ahora, él es un hogar para ustedes en la oración. Sigan adelante, con la frente en alto. Sigan soñando, sigan amando, sigan siendo la familia maravillosa que son.
Al salir de aquí, les pido algo pequeño, algo que Ben entendería perfectamente. Hagan un gesto de bondad, una palabra de aliento para alguien que se sienta solo, y háganlo en su nombre. No tiene que ser algo grande. Basta con un gesto que diga: 'el amor de Ben sigue vivo en mí'. Al hacerlo, se darán cuenta de que la distancia entre el cielo y la tierra es mucho más corta de lo que pensamos. La comunión de los santos no es una idea abstracta; es la realidad de que estamos unidos por el mismo amor de Dios. Sigan caminando, sigan amando, porque el amor es la única moneda que circula en el Reino de los Cielos, y Ben es ahora un habitante privilegiado de esa tierra de promesas. Que la Virgen María, que también supo lo que es dejar ir a un hijo para entregarlo al Padre, los cubra con su manto y les dé la paz que el mundo no puede dar. Que la luz de Cristo, que guio los pasos de San Pío, guíe también los suyos, hasta que llegue el día del encuentro eterno donde no habrá más despedidas, sino un abrazo que durará para siempre.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.