En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la paz y la luz de nuestro Señor Jesucristo estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
A veces, al despertar, nos encontramos mirando el mundo con una sensación de déjà vu. Es lo que el autor del Eclesiastés nos dice hoy con una crudeza que nos golpea el pecho: 'Nada hay nuevo bajo el sol'. Vemos el sol salir y ponerse, vemos los ríos correr al mar, vemos las generaciones pasar como una brisa, y nos preguntamos si todo esto, al final, tiene un propósito. Es una pregunta que se vuelve más aguda cuando el corazón está cargado de un amor que parece no tener dónde posarse, cuando buscamos el rostro de alguien a quien amamos y solo encontramos el eco de su ausencia.
Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era un joven que conocía bien el valor de las cosas que perduran. Él, con su mente brillante y su curiosidad insaciable, no era alguien que se perdiera en la vanidad de lo superficial. Él construía. Él creaba. Él se maravillaba con la complejidad de un sistema, con la elegancia de un código, con la majestuosidad de un avión surcando el cielo. Ben tenía esa capacidad de ver más allá de la superficie. Cuando él observaba un 737, no veía solo una máquina; veía el ingenio humano, veía la posibilidad de conectar mundos, veía un sueño que se hacía realidad en el aire. Él vivía con una intensidad que, para quienes lo rodeaban, era un regalo constante. ¿Recuerdan esa sonrisa suya? Era una sonrisa que no buscaba nada a cambio, una sonrisa que simplemente celebraba el hecho de estar vivo, de estar con su familia, de compartir el camino.
El Eclesiastés nos dice que 'el ojo no se sacia de ver, ni el oído de oír'. Y es cierto. Nunca nos cansamos de ver la alegría de un hijo, nunca nos cansamos de escuchar la risa de un hermano. Pero hoy, el Evangelio nos muestra a Herodes, un hombre que, a diferencia de Ben, no sabía qué hacer con lo que veía. Herodes escucha sobre Jesús y se siente 'perplejo'. Él busca ver a Jesús, pero lo busca desde la curiosidad del poder, desde el miedo, desde la inquietud de una conciencia que no encuentra paz. Herodes mira y no ve. Ben, en cambio, miraba y encontraba. Él encontraba belleza en un atardecer, encontraba propósito en una tarde de juegos con Ryan, encontraba amor en el simple gesto de decir 'buenos días, papá'.
Sé que para ustedes, Alan y Thao, y para ti, Ryan, hay días en los que el vacío de Ben se siente como ese 'viento que gira y gira' del que habla el Eclesiastés. Hay momentos en los que el silencio en casa parece inmenso. Pero escuchen esto: el amor que ustedes compartieron con Ben no es vanidad. No es algo que se lo lleva el viento. Es la única realidad que permanece. Cuando Ben, a sus quince años, tuvo aquel gesto de ofrecer su alcancía para ayudar a su tío, no estaba haciendo un cálculo financiero. Estaba demostrando que su corazón ya pertenecía a otro Reino, un Reino donde lo que se da por amor se multiplica para siempre. Ese gesto no se perdió; está escrito en el corazón de Dios.
Ryan, hermano querido, sé que a veces sientes que el equipo está incompleto. Pero recuerda que Ben no ha dejado de ser tu hermano. Él es tu compañero de viaje en la fe. Él te enseñó que la vida es una aventura que vale la pena vivir, que hay que mirar al cielo con asombro y que, pase lo que pase, el amor de la familia es un refugio seguro. Sigue soñando, sigue construyendo esos proyectos que compartían, sigue siendo ese joven valiente y bondadoso que eres. Ben está presente en cada paso que das, en cada sonrisa que compartes, en cada momento en que eliges ser luz en medio de la oscuridad.
La Escritura nos dice: 'En el lugar a donde van los ríos, allí siguen yendo'. Nuestra vida, nuestra historia, nuestro amor, no terminan en un punto final; se dirigen hacia el mar infinito de la misericordia de Dios. Ben ya ha llegado a ese mar. Él ya no necesita buscar respuestas, porque ahora contempla la Fuente de toda verdad. Él ya no necesita mirar aviones desde la tierra, porque ahora habita en la altura de la gloria, desde donde cuida de ustedes con una ternura que no tiene límites. Él es, en la paz de Dios, el mismo Ben de siempre: dulce, respetuoso, brillante y profundamente amado.
No intenten entender el misterio de la vida con la lógica de este mundo. El mundo dice que todo es vanidad, pero el Evangelio nos dice que todo es gracia. Dios no les pide que no lloren; Jesús mismo lloró ante la tumba de su amigo Lázaro. Dios les pide que confíen. Él sostiene a Ben en sus brazos, y Él los sostiene a ustedes en este momento. Ustedes han sido padres y hermanos extraordinarios. Han amado con una entrega que es un reflejo del amor del Padre. No se culpen por nada, no busquen errores donde solo hubo entrega. El amor que ustedes dieron fue el mayor regalo que Ben pudo recibir, y ese amor es hoy su mayor consuelo.
Al salir de aquí, lleven consigo una pequeña certeza: el amor no muere. Cada vez que alguien es amable, cada vez que alguien comparte, cada vez que alguien mira al cielo con esperanza, el espíritu de Ben está presente. Hagan hoy un gesto sencillo en su nombre. Quizás una palabra amable, un momento de atención hacia alguien que se siente solo, o simplemente un minuto de silencio agradecido por el don de su vida. Al hacerlo, verán que la distancia entre el cielo y la tierra es mucho más corta de lo que pensamos. Ben está con ustedes, caminando en el mismo camino, bajo el mismo sol, pero con una luz que ya no conoce ocaso. Que la Virgen María, nuestra Madre, los cubra con su manto y les conceda la paz que el mundo no puede dar, hasta que llegue el día en que todos nos encontremos en el Banquete del Cielo, donde el abrazo será para siempre.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, les muestre su rostro y les conceda su paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.