En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre, que nos ha llamado a la esperanza de su gloria, estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
A veces, la vida nos presenta momentos de una claridad tan punzante que nos dejan sin palabras. San Ignacio de Antioquía, cuya memoria celebramos hoy, es alguien que supo de esa claridad. Él, camino al martirio, escribía con una urgencia que no nacía del miedo, sino de un deseo profundo de ser, finalmente, 'trigo de Dios'. Imaginen a un hombre que, sabiendo que su vida terrenal llega a su fin, no se desespera, sino que se prepara para el encuentro. Él escribió: 'Dejen que sea pasto de las fieras, por cuyo medio me es posible alcanzar a Dios'. Es una imagen fuerte, sí, pero es la imagen de alguien que ha entendido que la vida no es algo que poseemos, sino algo que se nos ha dado para entregar.
Hoy, nuestra mirada se posa en la carta a los Efesios. Pablo nos habla de algo que a veces olvidamos en medio de nuestro dolor: 'Que los ojos de sus corazones sean iluminados, para que conozcan cuál es la esperanza a la que han sido llamados'. ¿Se han detenido alguna vez a pensar en la 'esperanza' como una luz que ilumina el interior? No es un optimismo barato. No es decir que todo saldrá como queremos. Es la certeza de que, incluso cuando el cielo se oscurece, hay un poder, una 'grandeza de su fuerza', que ya ha vencido a la muerte. Pablo nos recuerda que ese mismo poder que resucitó a Cristo y lo sentó a la derecha del Padre, es el que sostiene nuestra propia historia. Es el que sostiene a Ben.
Benjamin Vo era un chico que entendía de estructuras. Él no solo veía una computadora o un servidor; veía la lógica, la arquitectura, el flujo de la información. Su curiosidad por la tecnología, ese deseo de entender cómo se construye el mundo digital, era, en el fondo, un deseo de entender el orden de las cosas. Ben tenía esa mente brillante, capaz de navegar por AWS o de soñar con 'Con Chim Airlines' no por ambición, sino por la alegría pura de crear algo que conectara, algo que volara. ¿Se imaginan la sonrisa de Ben al hablar de sus proyectos? Esa sonrisa era su firma. Era la marca de un alma que no conocía el cinismo, sino solo el asombro. Él era un constructor de mundos, y ahora, ese mismo espíritu creativo descansa en el arquitecto de todo lo que existe.
Sé que para ustedes, Alan y Thao, el silencio en casa a veces se siente como un peso que no deja respirar. Sé que hay días en los que la pregunta '¿por qué?' golpea con más fuerza. Pero quiero invitarles a mirar la escena del Evangelio de hoy. Jesús dice: 'No se preocupen de cómo o con qué se defenderán... porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deben decir'. A veces, nuestra 'defensa' ante el dolor es intentar entenderlo todo. Queremos una respuesta técnica, un diagnóstico que explique el misterio, una razón lógica que nos dé paz. Pero la paz no viene de la explicación. La paz viene de la confianza. El Espíritu Santo no nos da una clase de teología sobre el sufrimiento; nos da la fuerza para sostener la mano de Dios cuando no entendemos nada.
Quiero hablarles con toda la verdad de mi corazón: la enfermedad que se llevó a Ben no fue un error de cálculo. No fue algo que ustedes dejaron de hacer, ni una falla en su vigilancia. No busquen culpas donde no las hay. A veces, la vida simplemente nos pone frente a un misterio que no podemos resolver, un misterio que nos desborda. Dios no envió esa cruz, pero Él sí, y de manera innegable, cargó con ella junto a ustedes. Cada noche en vela, cada lágrima, cada vez que miraron a Ben y desearon tomar su lugar, Dios estaba allí. Él no es un espectador. Él es el Padre que, como el papá de Ben, conoce el dolor de ver a un hijo partir. Ustedes han amado con una entrega que es, en sí misma, un acto de santidad.
Ryan, hermano, tú eres el guardián de la memoria y la alegría de Ben. Sé que a veces el mundo parece menos brillante sin él, pero tú llevas en tu propia vida la chispa de esa curiosidad que compartían. Cuando construyas, cuando sueñes, cuando mires al cielo, recuerda que tu hermano te mira con un orgullo que no tiene límites. Él no se ha ido a un lugar lejano; él es parte de la 'plenitud del que llena todo en todo', como dice Pablo. Él está en la luz que ilumina tu camino. No tengas miedo de ser feliz, no tengas miedo de vivir intensamente. Eso es lo que Ben querría. Él te acompaña en cada paso.
Ben tenía un corazón tan grande que, a sus quince años, fue capaz de ofrecer lo que tenía para ayudar a su tío, sin siquiera pensarlo. Ese gesto de ofrecer su alcancía no fue una transacción; fue una declaración de amor. Fue el alma de un niño que entendía que los bienes son para compartirse, que la vida es para darse. Ese es el sello del Espíritu Santo. Ese es el 'tesoro' del que habla Pablo: la herencia de los santos. Ben ya ha recibido esa herencia. Él ya no necesita explicaciones, porque ya ve la cara de Dios. Y desde esa luz, él les pide, con esa sonrisa que ustedes tanto extrañan, que no se hundan en la culpa ni en la tristeza eterna.
¿Saben qué es lo más hermoso de la fe? Que nos permite vivir en la esperanza incluso cuando el corazón está roto. San Ignacio de Antioquía decía: 'Mi amor ha sido crucificado'. Él sabía que el amor verdadero siempre implica entrega. Ustedes han entregado lo más preciado. Y esa entrega es, ante los ojos de Dios, una ofrenda de valor infinito. No son padres que han perdido a un hijo; son padres que han enviado a un hijo a casa, al lugar donde la curiosidad de Ben finalmente encontrará todas las respuestas, donde no hay más límites, donde el vuelo de 'Con Chim Airlines' es eterno.
Hoy quiero que se lleven una sola cosa: la certeza de que Dios no los acusa. Dios no les pide cuentas por lo que no pudieron controlar. Él solo los abraza. Si hoy sienten el peso de la culpa, si hoy se preguntan si hicieron suficiente, dejen que la Palabra de hoy los libere. Ustedes amaron a Ben con todo lo que eran. Ese amor no muere. Ese amor es el pozo de agua viva, el 'Well of Love' que sigue dando de beber a los necesitados en su nombre. Cada vez que ayudan a alguien, cada vez que son amables, cada vez que perdonan, el amor de Ben se hace presente y actúa. Él sigue vivo en cada gesto de bondad que ustedes realizan.
La vida de Ben, como la de Ignacio, fue una vida que, aunque breve en tiempo, fue completa en amor. Él fue un chico que supo mirar, que supo sonreír, que supo ofrecerse. Ahora, él es parte de esa 'nube de testigos' que nos anima a seguir adelante. No se queden mirando el vacío; miren hacia arriba, hacia la esperanza de su llamado. Dios tiene un plan que abarca la eternidad, y en ese plan, Ben tiene un lugar que nadie más puede ocupar. Ustedes son una familia marcada por un amor que trasciende la muerte. Sigan viviendo con esa misma valentía. Sigan amando con esa misma generosidad. Y cuando la noche sea difícil, recuerden que no están solos. El Espíritu Santo, que es el consolador, está con ustedes, enseñándoles, en cada momento, la palabra de paz que necesitan escuchar. Ben está bien. Está en casa. Y desde allí, sigue siendo el mismo chico curioso y tierno, esperándolos con esa sonrisa que es, para siempre, el reflejo de la gloria de Dios. Que esa gloria los llene hoy, los consuele y los guíe, hasta el día en que, en la presencia del Padre, el abrazo sea eterno.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, que haga brillar su rostro sobre ustedes y les conceda su paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.