En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo, que nos hace ciudadanos del cielo, esté con todos ustedes.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
A veces, la vida se parece a una maleta que estamos preparando para un viaje largo. Nos fijamos en los detalles, verificamos el peso, nos aseguramos de que no falte lo esencial. Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era un experto en esta clase de preparativos. Él tenía esa mente brillante, capaz de navegar por los complejos sistemas de la computación, el código y la infraestructura de la nube con la misma naturalidad con la que otros leen un cuento. Él entendía la lógica de las cosas: cómo una pieza pequeña sostiene una estructura mayor, cómo un pequeño ajuste en un servidor puede cambiar el rendimiento de todo un sistema. Para Ben, el mundo era un lugar para ser explorado, comprendido y, sobre todo, conectado.
Sin embargo, hoy el Evangelio nos presenta una parábola que parece desafiar toda lógica. Un administrador es descubierto, su gestión es cuestionada, y en lugar de rendirse, actúa con una astucia inesperada. '¿Qué haré?', se pregunta. No es una pregunta de desesperación, sino de realismo. Él sabe que su tiempo en ese cargo ha terminado y comienza a preparar su futuro. Jesús nos dice que los 'hijos de este mundo' son a veces más sagaces que los 'hijos de la luz'. ¿Qué significa esto para nosotros, hoy, mientras sostenemos el peso de estos cuatro meses de ausencia?
Quizás la lección no sea sobre el dinero o las deudas, sino sobre la urgencia de lo que realmente importa. Ben vivió su corta vida con una urgencia de amor. ¿Recuerdan ese momento en que, con la sencillez de un niño que ya entiende el corazón del Evangelio, ofreció todos sus ahorros para ayudar a su tío? No rompió la alcancía, no la vació, pero la ofreció. Fue un acto de entrega total, un gesto de un alma que ya sabía que, en la casa del Padre, los tesoros no se cuentan en monedas, sino en la capacidad de decir 'aquí estoy' para el otro. Ese ofrecimiento fue su manera de decir que su ciudadanía, como dice San Pablo a los Filipenses, no era de este mundo, sino del cielo.
Sé que para ustedes, Alan y Thao, y para ti, Ryan, el dolor es un compañero que no siempre avisa cuando va a llegar. A veces, el vacío de Ben se siente como una deuda impagable, como si faltara algo en la cuenta de la familia que nadie puede rellenar. Y en esos momentos, la mente se vuelve una trampa. Se preguntan si pudieron haber hecho más, si hubo una señal que no vieron, si la vigilancia fue suficiente. Les pido, por favor, que escuchen esto con el corazón abierto: ustedes no fallaron. La enfermedad que nos arrebató a Ben no fue un examen que ustedes reprobaron. El amor de un padre y una madre no es un sistema que pueda ser hackeado por la tragedia. Ustedes le dieron a Ben un hogar, le dieron el mundo, le dieron su tiempo, le dieron su propia vida en cada 'buenos días' y en cada historia compartida. Dios no les pide cuentas por lo que no pudieron controlar. Dios les pide que descansen en su amor, el mismo amor que ahora sostiene a Ben en la plenitud de su gloria.
San Pablo nos dice hoy algo radical: 'Nuestra ciudadanía está en los cielos, y de allí esperamos al Salvador'. Ben ya no está esperando. Él ya ha llegado. Él ya está en ese lugar donde los sistemas no fallan, donde la lógica es el amor puro, donde él puede, finalmente, ver la arquitectura completa de la creación. Él está con San Carlo Acutis, compartiendo esa misma luz, esa misma juventud que fue entregada antes de que el sol se pusiera. Ben no está lejos. Está en el corazón de Dios, y desde allí, él sigue siendo el hermano de Ryan, el hijo de Alan y Thao, el chico que nos enseñó que la vida, por breve que sea, es un vuelo que merece la pena ser vivido con valentía.
Ryan, sé que a veces el silencio en casa es ensordecedor. Pero tu hermano te dejó un legado que no se encuentra en sus repositorios de código, sino en tu propia capacidad de seguir adelante. Cuando te sientas solo, recuerda ese sueño de la montaña rusa, recuerda que Ben sigue siendo tu compañero de viaje. No tengas miedo de vivir tus propios sueños, de construir tus propias empresas, de amar con la misma intensidad que él. Cada vez que tú eres amable, cada vez que tú te esfuerzas, cada vez que tú ríes, Ben está viviendo a través de ti. Él no quiere que te detengas; él quiere verte volar, como esos aviones que tanto le gustaban, surcando los cielos con la mirada puesta en lo alto.
La Iglesia nos invita hoy a mirar hacia la casa del Señor. '¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!'. Ben ya ha entrado por esas puertas. Él está en la Jerusalén celestial, donde no hay más dolor ni más preguntas sin respuesta. Y nosotros, aquí abajo, estamos llamados a ser prudentes, no como el administrador que busca salvarse a sí mismo, sino como los hijos de la luz que saben que su verdadera riqueza es el amor que han compartido. El pozo de agua que lleva su nombre en Vietnam, ese 'Giếng Gioan Baotixita', es un signo de que el amor de Ben sigue fluyendo, dando vida a los sedientos, lavando la tristeza de los que sufren. Su vida no se ha secado; se ha convertido en un río.
Así que, hoy, les pido una cosa pequeña, algo que puedan llevarse al salir por esa puerta. Cuando sientan que el peso del dolor es demasiado, cuando el vacío de Ben parezca insoportable, deténganse un momento y miren al cielo. Imaginen a Ben allí, con su sonrisa, tal vez planeando su próxima ruta aérea, tal vez simplemente disfrutando de la paz que aquí solo podemos intuir. Él está bien. Él está en casa. Y él los espera. No se apuren por entender el 'por qué' de la vida; confíen en el 'quién' que sostiene la vida. Dios es el autor de nuestra historia, y él no ha terminado de escribir la suya ni la de ustedes. Sigan firmes en el Señor, como nos pide Pablo. Mantengan la frente en alto. Ustedes son una familia que ha conocido un amor profundo, y ese amor es la prueba de que el cielo es real. Que la Virgen María, que también tuvo que aprender a vivir con el corazón atravesado por una espada, les enseñe a caminar con esperanza, sabiendo que, al final del camino, nos espera el abrazo más grande de todos.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, y que su paz los acompañe en todo momento. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.