En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. La paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
A menudo, cuando caminamos por la vida, nos sentimos como viajeros intentando descifrar un mapa antiguo, buscando desesperadamente las coordenadas que nos expliquen por qué el camino se abre o se cierra ante nosotros. Queremos entender el diseño. Queremos saber por qué las piezas de nuestra historia personal encajan de una manera y no de otra. En el Evangelio de hoy, vemos a los expertos de la ley atrapados en una trampa similar: están tan obsesionados con los monumentos del pasado, con las estructuras y los protocolos, que han perdido de vista la realidad viva que Jesús tiene delante de ellos. Jesús les dice: 'Ustedes han quitado la llave del saber'. Han cerrado la puerta a la verdadera comprensión de Dios, no porque no fueran inteligentes, sino porque su sabiduría se había vuelto rígida, incapaz de reconocer la novedad del amor de Dios que se encarnaba frente a sus ojos.
Esta rigidez es una tentación muy humana. Cuando el dolor nos toca, cuando la vida nos presenta un vacío que no podemos llenar con nuestra lógica, nuestra primera reacción es intentar 'construir monumentos' a nuestras preguntas. Queremos saber el 'porqué'. Queremos encontrar un culpable o una razón técnica que nos permita controlar el misterio. Pero hoy, la Palabra de Dios nos invita a soltar esa carga. San Pablo, en su carta a los Efesios, nos recuerda una verdad que es mucho más profunda que cualquier explicación humana: 'En Cristo hemos sido elegidos desde antes de la fundación del mundo para ser santos e irreprochables ante él por el amor'.
Piensen en esa imagen: el amor de Dios no es una reacción tardía a nuestras circunstancias. Es el fundamento, el cimiento sobre el cual se construyó todo. El amor de Dios nos precede. Benjamin Vo, ese joven brillante que hoy vive en la plenitud de ese amor, comprendía intuitivamente lo que significa ser parte de algo mucho más grande. ¿Recuerdan cómo Ben amaba la idea de conectar mundos? Su fascinación por la aviación, sus sueños de crear 'Con Chim Airlines', no eran solo un pasatiempo técnico. Eran el reflejo de un corazón que quería volar, que quería conectar, que quería llevar a los demás hacia horizontes nuevos. Ben poseía una mente que podía navegar las complejidades de la tecnología, pero era su espíritu, su capacidad de asombro y su bondad, lo que realmente definía su trayectoria.
Hay un momento, en la vida de familia, que a veces se recuerda como un destello de luz: ese instante en que Ben, con la sencillez de un niño que se hace grande, ofreció sus ahorros para ayudar a su tío. No lo hizo porque fuera necesario, ni porque hubiera un cálculo de beneficio. Lo hizo porque el amor, en su corazón, no era una transacción. Era una entrega. Ese es el 'saber' al que se refiere Jesús hoy. No es el saber de los escribas, que mide y juzga; es el saber del corazón que se entrega sin reservas. Cuando Ben ofrecía su ayuda, estaba viviendo exactamente lo que Pablo describe: la gracia de Dios lavada sobre él, una gracia que él simplemente reflejaba hacia afuera.
Sé que para ustedes, Alan, Thao y Ryan, estos meses han sido un tiempo de caminar por un terreno donde las señales parecen borrosas. A veces, la mente intenta buscar explicaciones, intenta reconstruir el pasado para encontrar una lógica que nos dé paz. Pero Jesús nos advierte hoy contra esa carga. Él nos dice que no nos dejemos atrapar por la hostilidad o por la necesidad de interrogar a la vida sobre sus misterios. Ustedes no han fallado en nada. El amor que le dieron a Ben, ese amor que se ve en cada foto, en cada mirada, en cada momento compartido, es un amor que no se pierde. Es un amor que ha sido sellado por el Espíritu Santo.
No se culpen. No se pregunten si pudieron haber hecho algo diferente. La vida, en su misterio, a veces nos conduce por caminos que no elegimos, pero nunca, ni por un instante, nos saca de las manos de Dios. Ustedes han sido, y siguen siendo, el refugio de amor de Benjamin. Ese lazo que los une, esa forma en que se cuidan y se sostienen, es el fruto de la fe que actúa por el amor. Ben no está lejos. Él está en el 'Banquet of Heaven', en ese lugar donde la sabiduría ya no es una lucha, sino una visión clara de la bondad de Dios. Él los mira con esa sonrisa que siempre lo caracterizó, una sonrisa que ahora conoce la paz que nosotros apenas vislumbramos. Él no es una ausencia; es una presencia que los acompaña en cada paso, en cada silencio, en cada proyecto que emprenden.
Ryan, hermano, tú eres el guardián de esa luz en este mundo. Ben te mira con un orgullo infinito. Sigue adelante con esa misma curiosidad que compartían, con esa pasión por aprender, por crear, por soñar. Cuando mires al cielo y veas un avión surcando las nubes, no sientas que es una despedida. Siente que es una invitación a seguir viviendo con la misma intensidad y bondad que Ben nos enseñó. Él está contigo, en cada momento en que te atreves a ser feliz. Tu hermano no es un recuerdo; es tu compañero en la fe.
Para todos los que hoy nos acompañan desde lejos, y para cada familia que carga con una cruz que parece demasiado pesada: no intenten llevar este peso solos. La fe no es un conjunto de reglas que debemos cumplir para que Dios nos quiera. La fe es la confianza absoluta en que, incluso cuando el camino se vuelve oscuro, estamos caminando en la luz de su amor. Si hoy se sienten atrapados en la necesidad de entender, de controlar, de juzgarse a sí mismos, suelten esa carga. Dios no es un juez que mide sus errores; es un Padre que, como el papá de Ben, siempre está esperando con los brazos abiertos para escuchar sus historias y consolar sus corazones.
Ben sigue dando vida. Ese 'Well of Love' en Cà Mau, ese pozo que lleva su nombre, es un recordatorio constante de que su paso por este mundo no fue en vano. Él sigue dando de beber a los que tienen sed. Él sigue siendo una fuente de esperanza. Cada vez que ustedes realizan un acto de bondad, cada vez que son amables con alguien en su nombre, están permitiendo que el amor de Ben siga circulando, como una corriente de agua fresca en un mundo que a veces se siente reseco. Ustedes son los canales de ese amor.
No busquen a Ben en el ayer. Búsquenlo hoy, en la paz que se instala en su corazón cuando se sientan a rezar. Búsquenlo en la bondad que todavía brota de su familia. Él está bien. Él es feliz. Y él, desde la luz, los espera con esa sonrisa que nunca se apagó, con esa curiosidad que ahora conoce todos los secretos del universo. No se culpen, no se cuestionen, no intenten cargar con el peso del mundo. Ustedes han amado bien. Ustedes han sido, y siguen siendo, el mejor regalo que Ben pudo tener.
Al salir de aquí, les pido una cosa sencilla: hoy, en honor a Ben, hagan un pequeño gesto de libertad interior. Suelten una preocupación, perdonen algo que les pesa, o simplemente regálense un momento de silencio para agradecer por la vida de su hijo. Al hacerlo, verán que el amor es más fuerte que cualquier tristeza, y que la libertad de los hijos de Dios es la única realidad que realmente importa. Que el Señor los bendiga, que su luz ilumine sus noches, y que la paz de Cristo, que sobrepasa todo entendimiento, los guarde en su amor hoy y siempre.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor nos conceda la paz y nos mantenga siempre en su amor. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.