En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. La gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo, que nos invita a amarle con todo el corazón, esté con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
A veces, la vida se nos presenta como un mapa de rutas aéreas, lleno de conexiones, destinos y escalas. Cuando uno se sienta a observar el despegue de un avión, hay algo profundamente esperanzador en ese momento en que el peso de la máquina se rinde ante la fuerza de la sustentación y comienza a elevarse. Benjamin Vo, nuestro querido Ben, conocía bien esa sensación. No solo porque era un experto en la ingeniería de los cielos, sino porque su alma misma parecía tener esa capacidad de elevarse, de mirar más allá de lo inmediato, de buscar siempre el horizonte. Él, con su curiosidad brillante y su mente capaz de descifrar la lógica de los sistemas más complejos, encontraba en la aviación una metáfora de la vida: un constante movimiento hacia lo alto.
Hoy, cuatro meses después de que Ben emprendiera su vuelo definitivo hacia la casa del Padre, nos reunimos para escuchar la voz de Dios en las Escrituras. Y el Señor nos entrega hoy una instrucción que es, en esencia, el manual de vuelo para nuestra existencia: 'Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente'. No es una sugerencia. Es la ley de la gravedad espiritual que sostiene todo lo que existe. Si la vida de Ben fue un destello de luz, fue porque él, a su manera joven y brillante, intentó vivir bajo esa ley del amor.
Quiero que nos detengamos un momento en esa palabra: 'mente'. Jesús nos pide amar con toda nuestra mente. A veces, en el dolor, nuestra mente se convierte en nuestro peor enemigo. Se llena de preguntas, de '¿por qué?', de escenarios hipotéticos que nos desgastan. Alan, Thao, Ryan, sé que en estos meses, la mente ha sido un lugar de batalla. Hay noches en las que el silencio es tan profundo que el pensamiento se vuelve un laberinto. Quizás se han preguntado si algo se pasó por alto, si la vigilancia fue suficiente, si hubo una señal que no se vio. Quiero decirles hoy, con una ternura que viene del mismo Corazón de Jesús, que dejen caer esa piedra. Ustedes no fallaron. La enfermedad que se llevó a Ben no fue un error de cálculo, ni una falta de cuidado, ni un castigo. Hay tormentas en esta vida que simplemente ocurren, misterios que escapan a cualquier control humano, por más brillante que sea la mente que intente descifrarlos. Dios no les pide cuentas por lo que no pudieron controlar; Él los sostiene por el amor que entregaron. Ustedes fueron los padres que amaron, que cuidaron, que estuvieron ahí, y eso fue suficiente para que Ben conociera el amor en esta tierra. No se acusen de no haber sido Dios; ustedes fueron los padres de Ben, y eso es un regalo sagrado.
La primera lectura de hoy, del libro del Éxodo, nos recuerda que Dios escucha el clamor de los oprimidos, de la viuda y del huérfano. 'Si ellos claman a mí, yo los escucharé, porque soy compasivo'. Dios no es un espectador distante. Él es el primero en escuchar el llanto de una madre, el primero en recoger las lágrimas de un padre. Cuando Ben, en su inmensa bondad, ofreció sus ahorros para ayudar a su tío, no estaba haciendo una transacción; estaba imitando la compasión de Dios. Ese gesto, esa disposición de entregar todo lo que tenía, es la marca de un alma que ya pertenecía al cielo. Él no necesitaba romper la alcancía; el valor estaba en la oferta. Ese es el amor que se entrega sin reservas, el amor que Jesús nos pide hoy.
Imaginen a Ben en ese banquete del que nos habla la fe. Imaginen al chico que amaba los aviones, que diseñaba aplicaciones, que se reía con su hermano Ryan, ahora en una altura donde ya no hay fatiga, donde no hay máquinas que fallen, donde la lógica de Dios es la única que impera. Él está bien. Él está en la luz. Y desde allí, él no quiere verlos consumidos por la culpa. Él quiere verlos vivir. Ryan, tú eres el guardián de esa memoria. No temas ser tú mismo. No temas soñar. Tu hermano te mira con un orgullo que no conoce límites. Él sigue siendo tu compañero de viaje, aunque ahora camine por senderos de luz que nosotros apenas intuimos.
El amor al prójimo, como el amor a Dios, es lo que nos mantiene en el aire. Cuando nos sentimos pesados por el dolor, la única forma de elevarse es amando. Quizás hoy puedan hacer un pequeño acto de bondad en nombre de Ben. No tiene que ser algo grande. Puede ser una palabra amable, una ayuda silenciosa, un gesto de ternura hacia alguien que sufre. Cada vez que actúan así, están permitiendo que el amor de Ben siga fluyendo en el mundo, como el agua que brota del pozo que lleva su nombre en Vietnam. Ese pozo es un símbolo de su vida: un lugar de donde mana vida para otros, un lugar que no se agota.
No intenten resolver todo el dolor de la vida en este día. No carguen con el peso del futuro. Solo vivan este momento. Sean amables con ustedes mismos. Perdonen sus propias fragilidades, porque Dios ya las ha perdonado. Entreguen a Dios la moneda de su dolor, y dejen que Él les devuelva la paz. Dios no los ha dejado solos en esta casa. Él está en el silencio, está en la lágrima, está en el recuerdo de la sonrisa de Ben. Sigan adelante, amando, viviendo, esperando. Ese es el mejor homenaje que pueden rendir a la vida de Ben: vivirla con la misma intensidad y la misma ternura con la que él la vivió. Que la paz de Dios, que supera todo entendimiento, guarde sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, y que su rostro brille sobre ustedes, dándoles la paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.