En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la paz y el consuelo de nuestro Señor Jesucristo estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
El libro del Eclesiastés comienza hoy con una invitación que parece casi un suspiro de alegría: «Alégrate, joven, mientras eres joven; que tu corazón disfrute en los días de tu juventud». Es una frase que nos detiene en seco. Nos invita a mirar la vida con la frescura de quien tiene todo el horizonte por delante, de quien observa el mundo con ojos que aún no han sido cansados por la rutina o la desilusión. Benjamin Vo tenía precisamente esa mirada. Él era un joven que no solo habitaba el mundo, sino que lo exploraba con una curiosidad que parecía no tener límites. Ya fuera descifrando la lógica de un sistema complejo, planeando el futuro de su 'Con Chim Airlines' con esa sonrisa pícara que le iluminaba el rostro, o simplemente compartiendo un momento de asombro ante un avión que surcaba el cielo, Ben vivía con una intensidad que era un regalo para quienes lo rodeaban.
Sin embargo, el mismo texto bíblico nos lanza una advertencia que resuena con una profundidad inmensa: «Recuerda a tu Creador en los días de tu juventud». Es un llamado a la sabiduría. No es una invitación a la tristeza, sino a la profundidad. Es el recordatorio de que, incluso en la mañana más brillante de la vida, el corazón humano está diseñado para algo más grande que la tierra. Ben, con su mente brillante y su espíritu tan noble, parecía entender esto de una manera intuitiva. Él no era alguien que se perdiera en lo superficial; él buscaba la esencia. Cuando él ofrecía, con la sencillez de un niño que no conoce el egoísmo, el contenido de su alcancía para ayudar a alguien que amaba, estaba revelando la lógica de su corazón: él sabía que los tesoros verdaderos no son los que se guardan, sino los que se entregan.
En el Evangelio, los discípulos están maravillados ante las obras de Jesús. La gente está asombrada, los corazones están llenos de expectativa. Pero en medio de ese brillo, Jesús dice algo que parece romper el ritmo: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Los discípulos no entienden. Tienen miedo de preguntar. A menudo nos sentimos así, ¿verdad? Estamos viviendo nuestra historia, amando a nuestros hijos, construyendo nuestros sueños, y de repente, la vida nos presenta un misterio que no podemos descifrar. Nos quedamos en silencio, con el miedo de preguntar, con el vacío de no comprender por qué el camino se vuelve tan estrecho o por qué la ausencia se vuelve una compañera tan presente.
Alan, Thao, Ryan… sé que hay momentos en los que el silencio de la casa parece un eco de esa pregunta que los discípulos no se atrevieron a hacer. Sé que la ausencia de Ben se siente como una pieza que falta en el sistema, un error de cálculo que no debería estar ahí. Pero quiero decirles algo: el amor no es un error. La vida de Benjamin no fue un fragmento que se perdió en el camino; fue una luz que cumplió su propósito en el corazón de Dios. Cuando Jesús habla de ser «entregado», no está hablando de una pérdida, sino del acto supremo de amor. Él se entrega para que nosotros nunca estemos solos. Y Ben, al vivir con esa dulzura, con esa capacidad de asombro y con ese amor tan profundo por su familia, vivió reflejando esa misma entrega. Él fue, y sigue siendo, un regalo.
Ryan, hermano querido, sé que a veces sientes que el equipo está incompleto, que el copiloto que te acompañaba en tus sueños y juegos ya no está a tu lado. Pero recuerda lo que Ben te enseñó: la importancia de intentar, de no tener miedo, de mirar al cielo con esperanza. Él no te ha dejado solo. Él es tu hermano, y el vínculo que tienen es más fuerte que cualquier distancia. Sigue adelante con esa valentía que compartían. Sigue construyendo, sigue soñando, sigue siendo esa persona maravillosa que eres. Ben te mira con orgullo, y en cada gesto de bondad que tú realices, en cada paso que des hacia la verdad, él está caminando contigo.
No se culpen por no entender el misterio. El Eclesiastés dice que «el polvo vuelve a la tierra, como era, y el espíritu vuelve a Dios, que lo dio». Ese retorno no es una desaparición; es un regreso a casa. Ben está en casa. Él está en el 'Banquet of Heaven', donde su curiosidad ha encontrado finalmente la respuesta a todas las preguntas que alguna vez se hizo mirando las estrellas o los aviones. Él está en la paz que el mundo no puede dar. Y desde allí, él sigue siendo el Ben que conocieron: dulce, brillante, lleno de amor. Él no está lejos; está en la presencia de Aquel que sostiene cada latido de nuestro corazón.
Dios no es un juez que busca errores en su amor. Ustedes han sido padres y hermanos extraordinarios. Han amado con una entrega que es un reflejo del amor del Padre. Ese amor es el puente que los une a él hoy. No busquen respuestas en la lógica del mundo, que a menudo nos dice que todo es vanidad. Busquen la respuesta en el amor que permanece. Cada vez que sientan ese vacío, dejen que el Señor los abrace. Él conoce el nombre de cada avión que Ben amó, conoce cada línea de código que escribió, y conoce cada lágrima que ustedes han derramado. Él está cerca de los que tienen el corazón quebrantado.
Al salir de aquí, lleven consigo una certeza: el amor de Ben sigue vivo porque el amor de Dios nunca muere. Hagan hoy un gesto sencillo en su nombre. Quizás una palabra de aliento para alguien que se siente invisible, una pequeña ayuda para quien lo necesita, o simplemente un minuto de gratitud por haber tenido el privilegio de caminar junto a él. Ese gesto no es una vanidad; es una semilla de eternidad. Ustedes son una familia que ha amado bien, y ese amor es la luz que los guiará hasta el día en que, en la casa del Padre, el abrazo que hoy extrañan se convierta en un encuentro que durará para siempre. Que la Virgen María, que también entregó a su Hijo y conoció el dolor de la cruz, los cubra con su manto y les conceda la paz que solo Dios puede dar. Sigan caminando, sigan amando, porque Ben está con ustedes, esperando el momento de volver a reír juntos en la luz que no conoce ocaso.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, que haga brillar su rostro sobre ustedes y les conceda su paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.