En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre, que nos ha sellado con su Espíritu Santo, esté con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros por las veces que hemos ocultado nuestro corazón en la oscuridad. Cristo, ten piedad de nosotros por las veces que hemos temido al mundo más que a tu amor. Señor, ten piedad de nosotros y haznos vivir en la luz de tu verdad.
A veces, la vida se siente como una multitud que empuja, como ese pasaje del Evangelio de hoy donde las personas se atropellaban unas a otras, buscando desesperadamente un lugar, una respuesta, o simplemente un poco de aire. Jesús comienza su enseñanza en medio de esa presión, de ese caos, y lo primero que hace es invitar a sus discípulos a un tipo de silencio muy particular: 'No tengan miedo'.
Piensen en esa escena. La gente corre, se pisa, se angustia. Y en medio de ese movimiento frenético, Jesús nos pide que nos detengamos. Él nos habla de los gorriones, esos pajaritos que valen tan poco en el mercado, pero que no escapan a la mirada de Dios. '¿No se venden cinco pajaritos por dos monedas? Pues bien, ni uno solo de ellos está olvidado ante Dios'.
Esta es la verdad que sostiene el universo: que nada, absolutamente nada de lo que somos, de lo que hemos amado o de lo que hemos perdido, cae fuera de la atención de Dios. Él tiene contados hasta los cabellos de nuestra cabeza. Es una imagen de una ternura infinita. Dios no es un observador distante que mira desde las alturas; es alguien que conoce cada detalle de nuestra historia, cada susurro, cada lágrima, y cada alegría.
Quiero hablarles hoy de Benjamin. Ben era un joven que, con esa mente brillante que Dios le regaló, entendía perfectamente la precisión de los sistemas. Él podía sumergirse en los códigos, en los entornos de nube, en la lógica de las máquinas, y encontraba allí una belleza técnica que otros apenas podían imaginar. Pero, ¿saben qué es lo más asombroso de Ben? Que, a pesar de esa capacidad intelectual, su corazón nunca se volvió mecánico. Él conservaba la capacidad de asombro. Él era el chico que, al hablar de su sueño de crear 'Con Chim Airlines', no solo hablaba de aviones o de negocios; hablaba de la alegría de conectar, de la posibilidad de volar, de la maravilla de ver el mundo desde arriba.
Recuerdo una imagen que nos habla de quién era él realmente: Ben sentado en el suelo, rodeado de su familia, sosteniendo a un bebé con una ternura que no se aprende en los libros. Era un joven que, con solo quince años, tenía la madurez de reconocer el valor de la vida en los demás. Ese deseo suyo, tan puro y espontáneo, de ofrecer su alcancía para ayudar a su tío cuando estaba sufriendo, es un reflejo de esa 'luz' de la que habla Jesús hoy. Él no necesitaba que nadie lo viera, no necesitaba un aplauso. Él simplemente quería dar. Ese es el sello del Espíritu Santo del que nos habla San Pablo en la carta a los Efesios: un sello que no se ve por fuera, pero que marca el alma para siempre como posesión de Dios.
Sé que para ustedes, Alan y Thao, estos cuatro meses han sido un tiempo de caminar en la oscuridad. A veces, la mente nos juega malas pasadas. Nos preguntamos por qué ocurrió lo que ocurrió, o si hubo algo que se nos escapó, o si pudimos haber hecho algo distinto. Escuchen con atención lo que Jesús dice hoy: 'No tengan miedo'. Él no está hablando de un miedo físico, sino del miedo a que Dios nos haya abandonado, el miedo a que el dolor sea la última palabra. Jesús nos asegura que no es así. Él les dice: 'No se culpen'. La enfermedad no es un castigo, no es el resultado de algo que ustedes dejaron de hacer, ni es una falla en su cuidado. Es, simplemente, un misterio que está más allá de nuestra comprensión humana, un misterio que ni siquiera la medicina más avanzada puede a veces explicar. Ustedes han amado a Ben con una entrega total, con una dedicación que ha sido el reflejo mismo del amor de Dios. No carguen con el peso de la culpa; Dios no los acusa, y ustedes tampoco deberían hacerlo.
Ryan, hermano, tú eres el guardián de esa luz en este mundo. Ben te mira con un orgullo infinito. Él no es una ausencia en tu vida; es una presencia que te acompaña. Cuando mires al cielo, cuando te sientas frente a una computadora a crear algo nuevo, cuando recuerdes las historias que tu papá te contaba, recuerda que tu hermano está contigo. Él te invita a vivir con la misma intensidad, con la misma curiosidad y con la misma bondad. No dejes que la tristeza apague el brillo de tu propia vida. Tú llevas en ti la herencia de un hermano que amó profundamente, y ese amor es tu fuerza.
Para todos los que hoy nos acompañan desde lejos, y para cada familia que carga con una cruz que parece demasiado pesada: no intenten llevar este peso solos. La fe no es un conjunto de reglas que debemos cumplir para que Dios nos quiera; la fe es la confianza absoluta en que, incluso cuando el camino se vuelve oscuro, estamos caminando en la luz de su amor. Dios no es un juez que mide sus errores; es un Padre que, como el papá de Ben, siempre está esperando para escuchar sus historias, sus dudas y su dolor.
Ben sigue dando vida. Ese 'Well of Love' en Cà Mau, ese pozo que lleva su nombre, es un recordatorio constante de que su paso por este mundo no fue en vano. Él sigue dando de beber a los que tienen sed. Él sigue siendo una fuente de esperanza. Cada vez que ustedes realizan un acto de bondad, cada vez que son amables con alguien en su nombre, están permitiendo que el amor de Ben siga circulando, como una corriente de agua fresca en un mundo que a veces se siente reseco. Ustedes son los canales de ese amor.
No busquen a Ben en el ayer. Búsquenlo hoy, en la paz que se instala en su corazón cuando se sientan a rezar. Búsquenlo en la bondad que todavía brota de su familia. Él está bien. Él es feliz. Y él, desde la luz, los espera con esa sonrisa que nunca se apagó, con esa curiosidad que ahora conoce todos los secretos del universo. No se culpen, no se cuestionen, no intenten cargar con el peso del mundo. Ustedes han amado bien. Ustedes han sido, y siguen siendo, el mejor regalo que Ben pudo tener.
Al salir de aquí, les pido una cosa sencilla: hoy, en honor a Ben, hagan un pequeño gesto de libertad interior. Suelten una preocupación, perdonen algo que les pesa, o simplemente regálense un momento de silencio para agradecer por la vida de su hijo. Al hacerlo, verán que el amor es más fuerte que cualquier tristeza, y que la libertad de los hijos de Dios es la única realidad que realmente importa. Que el Señor los bendiga, que su luz ilumine sus noches, y que la paz de Cristo, que sobrepasa todo entendimiento, los guarde en su amor hoy y siempre. Ben está bien. Él los mira desde la luz, y en esa luz, no hay más miedo, solo la paz eterna de estar en casa.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor nos conceda la paz y nos mantenga siempre bajo su mirada amorosa. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.