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Palabra Diaria

Jueves de la trigésima primera semana del tiempo ordinario

Thursday, November 5, 2026 · in memory of Ben
Una devoción que sigue la Misa — no la sustituye.
Apertura

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo estén siempre con todos ustedes.

Acto penitencial

Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.

♪ “Señor, Ten Piedad (30s Piano)” — A song for Ben
Liturgia de la Palabra
Primera lectura · Philippians 3:3-8a
Hermanos: La verdadera circuncisión somos nosotros, los que damos culto según el Espíritu de Dios y ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús, sin confiar en la carne. Aunque yo podría poner mi confianza en la carne. Si algún otro cree poder confiar en la carne, yo más: circuncidado a los ocho días, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, en cuanto a la observancia de la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia que se obtiene por la ley, irreprochable. Pero lo que para mí era ganancia, lo he considerado pérdida a causa de Cristo. Más aún, todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
Salmo responsorial · Psalm 105:2-3, 4-5, 6-7
♪ “Salmo 105 - Versión B (Organo y Chelo)” — A psalm for Ben
Evangelio · Luke 15:1-10
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «¿Quién de ustedes que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy alegre; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos y les dice: '¡Alégrense conmigo!, porque he encontrado la oveja que se me había perdido'. Les digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. ¿O qué mujer que tiene diez monedas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: '¡Alégrense conmigo!, porque he encontrado la moneda que se me había perdido'. Les digo que, de igual modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
Alleluia
♪ A song for Ben
Que se alegren los corazones que buscan al Señor.
Homilía

A veces, la vida se siente como una habitación que hemos estado barriendo con mucho cuidado, tratando de mantener cada rincón en su lugar, cada detalle bajo control. Conocemos esa sensación de querer que todo sea perfecto, de querer que los sistemas —ya sean los de una computadora o los de nuestra propia familia— funcionen sin fallos. Benjamin Vo, nuestro querido Ben, entendía esto mejor que nadie. Con esa mente brillante que Dios le regaló, él encontraba una belleza profunda en la lógica, en la precisión de un código de programación, en la estructura de un avión Boeing 737. Él veía el mundo como un sistema que podía ser entendido, mejorado y, sobre todo, amado. Pero hoy, el Evangelio de Lucas nos saca de esa lógica de la precisión y nos coloca frente a una lógica muy distinta: la lógica de lo que se pierde y, más importante aún, la lógica de la búsqueda incansable.

Jesús nos habla de un pastor que deja a noventa y nueve ovejas para ir tras una sola, y de una mujer que enciende una lámpara y barre toda la casa buscando una moneda perdida. Deténganse un momento en esa imagen de la mujer barriendo. No es una limpieza superficial. Es una búsqueda minuciosa, paciente, movida por el amor. Ella no se detiene hasta que la encuentra. Y cuando la encuentra, su primera reacción no es el reproche, ni el cálculo de lo que costó encontrarla, sino la alegría pura: '¡Alégrense conmigo!'.

Sé que para ustedes, Alan y Thao, y para ti, Ryan, estos cuatro meses desde que Ben regresó a la casa del Padre han sido como esa búsqueda en la oscuridad. El vacío que Ben dejó no es algo que se pueda llenar con explicaciones o con lógica. Está en la silla que falta, en el silencio de la mañana, en el recuerdo de su sonrisa cuando hablaba de sus proyectos, de sus sueños de aviación, de esa 'Con Chim Airlines' que le hacía soltar esas risas tan suyas. Ese vacío es real, es pesado, y a veces, en la quietud de la noche, la mente se vuelve contra nosotros mismos. Se preguntan, quizás, si pudieron haber hecho algo distinto, si se les escapó algo, si fueron lo suficientemente vigilantes. Les pido, en nombre de Jesús, que dejen caer esa piedra. Ustedes no son responsables de la fragilidad de la vida. La enfermedad, como una tormenta que llega sin previo aviso, no es una falla de su amor. Ustedes fueron el puerto, el hogar, el amor incondicional que Ben conoció. Dios no los acusa, y les pido que ustedes tampoco se acusen. No se culpen de no haber sido Dios. Ustedes fueron sus padres, y en ese abrazo constante, Ben encontró todo lo que necesitaba para caminar hacia el Padre con confianza.

San Pablo, en la carta a los Filipenses, nos da la clave para entender esta nueva realidad. Él dice: 'Todo lo que era ganancia para mí, lo considero pérdida a causa de Cristo'. Pablo no está diciendo que las cosas buenas de la vida no valgan nada. Está diciendo que, comparado con el conocimiento de Cristo, todo lo demás palidece. Ben vivió esto con una naturalidad asombrosa. Él era un chico que, con apenas quince años, ya tenía la madurez de ofrecer todo lo que tenía —esa alcancía que nunca rompió, pero que ofreció con el corazón en la mano— para ayudar a su tío. Ese ofrecimiento no fue una transacción; fue el reflejo de un alma que ya entendía que el verdadero tesoro no está en lo que guardamos, sino en lo que damos. Ben no necesitaba romper la alcancía para que su amor fuera real ante los ojos de Dios. Su intención, su generosidad, su capacidad de ver más allá de sí mismo, eso era lo que ya estaba 'blanqueado en la sangre del Cordero'.

Quiero hablarles directamente a ustedes que hoy cargan con un peso que parece no tener fin. A veces, el dolor nos hace sentir que hemos perdido el norte, que la vida ha perdido su propósito. Pero miren la alegría del pastor. Miren la alegría de la mujer. Dios no está calculando las pérdidas. Dios está celebrando el encuentro. Ben no está perdido. Él está en el banquete. Él está en esa luz que no tiene ocaso, donde su mente brillante finalmente comprende los misterios que aquí solo podía intuir. Él está con San Carlo Acutis, con quien comparte esa misma chispa, esa misma juventud entregada a Dios. Y si ellos están ahí, en la presencia del Señor, entonces ellos son los que nos están buscando a nosotros. Ellos son los que, con su sonrisa, nos invitan a no rendirnos.

Ryan, hermano, tú eres el guardián de una parte muy especial de la historia de Ben. Sé que a veces el mundo se siente más silencioso, más gris. Pero Ben vive en ti. Vive en cada recuerdo, en cada vez que compartes una historia, en cada vez que decides ser amable con alguien, en cada vez que te levantas y buscas tus propios sueños. No temas vivir. No temas reír. La vida de Ben no se detuvo el 13 de junio; se transformó. Y esa vida sigue dando frutos, como el agua de ese pozo en Vietnam que lleva su nombre, calmando la sed de los que sufren, recordando al mundo que una vida entregada, por breve que parezca a nuestros ojos, es un río que nunca se seca. Tu hermano te mira desde el cielo, y su mayor alegría será verte volar alto, verte ser feliz, verte vivir con la misma curiosidad y el mismo corazón bondadoso que él tuvo.

No intenten cargar con el mañana. El dolor es un visitante que llega sin avisar, pero la gracia de Dios también llega en cada momento. Sean pacientes con su propio duelo. Perdonen sus propias debilidades, descansen en la misericordia del Padre, y dejen que la paz de Cristo habite en su hogar. Que la Virgen María, que estuvo de pie junto a la cruz y sabe lo que es mirar al cielo con el corazón partido, los cubra con su manto. Ella conoce el camino del dolor hacia la gloria. Ella los sostiene hoy. No están solos. Ustedes son parte de esa gran multitud que, aunque hoy camina entre lágrimas, está destinada a encontrarse en la luz que no tiene ocaso. Que la memoria de Benjamin sea siempre una invitación a mirar hacia arriba, hacia el cielo, donde él ya nos espera, sonriendo, como siempre lo hizo, con esa paz que nosotros, algún día, también compartiremos. La invitación al banquete sigue en pie, y un día, todos nos sentaremos juntos a la mesa, donde no habrá más llanto, y donde el abrazo de Ben será, por fin, el comienzo de un reencuentro que no tendrá fin. Esta es la promesa que hoy nos hace el Señor: no tengan miedo, porque él ha ido a prepararles un lugar, y allí, con él, todo será restaurado.

Meditación
♪ “Un Solo Latido (Liturgical Style)” — A song for Ben
Oración de los fieles

For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:

“¡Pienso en ti, amigo! Pasa a saludar cuando puedas, ¿de acuerdo? Te quiero, Ben”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Hola, Ben: He estado soñando mucho contigo. Espero que te estés divirtiendo allá en el cielo. Por favor, cuida a nuestra familia. Recuerda venir a saludar todos los días. ¡Te extrañamos muchísimo!” — Dad
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Ben, en sueños anh Huy te vio venir a visitarlo, entregándole una oración para que los dos nos volvamos a encontrar. Que el Señor escuche tus ruegos y te conceda la paz eterna a Su lado. Si es posible, vuelve a visitar a anh Huy en sus próximos sueños, aunque solo sea con un saludo o una sonrisa tan entrañable como siempre.”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Ben, mi dulce niño, te extraño muchísimo. Gracias por visitarme a mí y a Chú Chris anoche. Me contó que te vio volando un helicóptero, tan libre, alegre y fuerte allá arriba. Aquí abajo, mamá y yo lloramos más y más cada día. Un pedazo de mi corazón se siente completamente muerto sin ti, Ben. Por favor cuídanos, reza por tu mamá, tu hermano Ryan y por mí, y danos la fuerza para seguir adelante. Te amamos por siempre” — Dad
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Ben, en sueños anh Huy te vio venir a visitarlo, entregándole una oración para que los dos nos volvamos a encontrar. Que el Señor escuche tus ruegos y te conceda la paz eterna a Su lado. Si es posible, vuelve a visitar a anh Huy en sus próximos sueños, aunque solo sea con un saludo o una sonrisa tan entrañable como siempre.”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Hoy se cumplen 100 días sin ti. Te extraño muchísimo, Ben. ¡Siéntete libre de visitarnos en cualquier momento! ¡Nos vemos por ahí, amigo! ¡Te quiero!” — Dad
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Ben, hoy M fue a tramitar unos documentos en Cam Ranh y pasó por Cam Ranh Airport. De repente, los recuerdos de nuestras charlas sobre aviones volvieron a inundarme; recuerdo muchos momentos contigo (M los guardará en secreto jajaja). Pequeño travieso, de repente pensar en ti me pone terriblemente triste. Ve a los lugares a los que quieras ir, Ben, y no olvides recordar siempre a nuestra familia; te quiero mucho, hermanito. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Si tan solo... !!!!!!!!!”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“¿Qué pasó, hijo mío? Hace 3 meses que nos dejaste. Te extraño tanto que me duele todo el cuerpo. Mamá llora todos los días ahora... ¿Qué vamos a hacer ahora, Ben? Por favor, reza por nosotros.” — Dad
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.

🕯 Enciende tu propia oración en el muro de oración →

Padre Nuestro

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, venid al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno del todo a ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de ti. Amén.
Canto de Comunión
♪ “Sacrificio de Amor (Version B)” — A song for Ben
Bendición final

Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Canto de Despedida
♪ “Tú Vas Conmigo (Version A: Thánh Ca)” — A song for Ben
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