En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
A veces, el misterio de Dios se nos revela en los lugares más inesperados: no en los grandes estruendos, sino en la sencillez de una fila, en la espera paciente, o en el gesto inaudito de alguien que decide ser generoso cuando nadie más lo es. Hoy, el Evangelio nos coloca ante una escena que, a primera vista, parece desafiar nuestra lógica humana. Un propietario de un viñedo sale a contratar trabajadores. Algunos llegan al amanecer, otros a las nueve, otros al mediodía, otros a las tres, y los últimos, apenas una hora antes de que caiga el sol. Y al final, el dueño hace algo que nos desconcierta: paga lo mismo a todos. Aquellos que trabajaron bajo el peso del calor durante todo el día murmuran, sintiéndose injustamente tratados. Pero el dueño, con una calma que desarma, les pregunta: '¿O es que vas a tener envidia porque yo soy bueno?'.
¿No es esta, acaso, la pregunta que a menudo lanzamos al cielo en los momentos de mayor desconcierto? ¿Por qué la vida parece tan desigual? ¿Por qué algunos son llamados a casa tan pronto, mientras otros permanecen aquí, caminando bajo el peso del día y el calor de la ausencia? Benjamin Vo era un joven que, con su mente brillante y su curiosidad insaciable, entendía mejor que nadie cómo funcionaban las cosas. Él sabía cómo se estructuran los sistemas, cómo se organizan los datos, cómo se construye la lógica de un mundo tecnológico. Y sin embargo, Ben vivía con una sencillez que trascendía cualquier cálculo. Él era ese muchacho que, con una sonrisa espontánea y una mirada llena de vida, nos enseñaba que lo más importante no es cuánto tiempo trabajamos en la viña, sino con qué amor nos entregamos a la tarea. Ben no medía su vida por horas; la medía por la intensidad de su bondad, por la calidez de su sonrisa y por la profundidad de su capacidad de amar.
Imaginen por un momento a Ben, con esa curiosidad que lo definía, observando el mundo como si fuera un vasto mapa de posibilidades. Él no veía barreras; veía puentes. Ya fuera soñando con su 'Con Chim Airlines', o simplemente compartiendo un momento de risas con su hermano Ryan, Ben tenía esa capacidad de hacer que lo cotidiano se sintiera extraordinario. Él nos enseñó que la vida, incluso cuando es breve, es un don que no se mide por su extensión, sino por la luz que proyecta. Y esa luz, queridos hermanos, no se ha apagado. Al contrario, sigue iluminando el camino de quienes lo amaron. Ben ha sido llamado al viñedo del Señor, y allí, en la plenitud de la eternidad, él descansa en la generosidad infinita de un Padre que no cuenta las horas, sino que abraza el corazón.
Sé que para ustedes, Alan y Thao, y para ti, Ryan, la vida a veces se siente como ese mercado del Evangelio: un lugar de espera donde el tiempo parece haberse detenido. Hay días en los que el vacío de la ausencia se hace sentir con una fuerza que nos deja sin aliento. Pero escuchen bien la voz del profeta Isaías hoy: 'Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca'. Dios no está escondido en un lugar remoto; Él está aquí, en el centro de su dolor, en el centro de sus recuerdos, en la paz que a veces, por un instante, inunda el corazón cuando recordamos una risa o una mirada de Ben. Dios no es un contable que suma nuestras pérdidas; Él es el Padre que, al final del día, nos recibe a todos con la misma abundancia de amor. Él no hace distinciones. Él acoge a Ben, y los acoge a ustedes, con una ternura que no tiene límites.
Ryan, hermano querido, sé que a veces miras al cielo y te preguntas cómo seguir construyendo tus propios sueños sin tu hermano mayor a tu lado. Pero recuerda que Ben no solo te dejó recuerdos; te dejó un mapa de amor. Él te enseñó a ser valiente, a no tener miedo de intentar cosas nuevas, a reírte incluso cuando el mundo parece serio. Él vive en ti. Cada vez que eres amable, cada vez que buscas la verdad, cada vez que cuidas de tus padres, Ben está presente. Ustedes son una familia que ha aprendido, en el crisol de la prueba, lo que significa el amor incondicional. Ese amor es el fruto que Ben dejó sembrado en sus vidas, un fruto que sigue dando vida en el mundo, como ese pozo que, en su nombre, calma la sed de quienes más lo necesitan. La bondad de Ben no se detuvo en junio; ella sigue fluyendo, sigue dando, sigue transformando.
San Pablo nos dice en la segunda lectura que él se siente 'apretado por ambas partes': el deseo de estar con Cristo, que es mucho mejor, y la necesidad de permanecer en la carne por el bien de los demás. Ben ya ha alcanzado esa meta. Él ya está en la presencia de Cristo, donde la curiosidad de su mente brillante finalmente encuentra respuestas a todos los misterios que tanto le fascinaban. Él ya no necesita códigos, ni infraestructura, ni modelos; él contempla la Fuente de toda creación. Y desde allí, él les pide que ustedes vivan de una manera 'digna del Evangelio'. ¿Qué significa esto para ustedes hoy? Significa que su vida, su alegría, su capacidad de seguir adelante, es el testimonio más grande del amor de Ben. No tengan miedo de ser felices, de reír, de recordar. No tengan miedo de caminar, aunque a veces las piernas pesen. La viña del Señor es vasta, y ustedes tienen un lugar especial en ella.
El dueño del viñedo nos recuerda que sus pensamientos no son nuestros pensamientos, ni sus caminos nuestros caminos. A veces, la generosidad de Dios nos resulta incomprensible. ¿Por qué algunos son llamados a la hora undécima? No tenemos la respuesta lógica. Pero tenemos la certeza de la fe: que Dios es bueno, que Dios es justo, y que Dios es compasivo. Él no es un juez que nos mide con una balanza, sino un Padre que nos recibe con los brazos abiertos. Ben está a salvo. Él está en el 'Banquet of Heaven', donde no hay más esperas, donde no hay más desvelos, donde todo es luz y paz. Y desde ese lugar, él los sostiene.
Al salir de aquí, les invito a llevarse una pequeña cosa en el corazón. No busquen resolver hoy todos los misterios de la existencia. Simplemente, realicen un acto de bondad en nombre de Ben. Quizás sea una palabra amable a un extraño, un momento de paciencia con alguien que lo necesita, o simplemente una oración agradecida por el tiempo que compartieron. Hagan ese pequeño gesto y verán que Ben no está lejos. Él está en el amor que ustedes dan, en la bondad que ustedes siembran, en la esperanza que ustedes mantienen viva. Él es el hermano, el hijo, el amigo que sigue caminando con ustedes, recordándoles que el amor es lo único que realmente permanece. La paz de Cristo, que supera todo entendimiento, los guarde hoy y siempre. Confíen en que, en el misterio de la vida, nada de lo que se da con amor se pierde jamás; todo es recogido por Dios, y en Él, todo se hace nuevo. Sigan amando, porque el amor es la única moneda que circula en el Reino de los Cielos, y Ben, nuestro querido Ben, es ahora un habitante privilegiado de esa tierra de promesas. Que la Virgen María, que también entregó a su Hijo y lo recibió en la gloria, los cubra con su manto y les dé la fuerza para seguir caminando, un día a la vez, bajo la mirada amorosa de Dios.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los proteja, haga brillar su rostro sobre ustedes y les conceda su paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.