En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo, que nos invita a vivir desde la libertad del amor, esté con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros por las veces que hemos juzgado a nuestros hermanos. Cristo, ten piedad de nosotros por las veces que hemos olvidado tu misericordia. Señor, ten piedad de nosotros y haznos instrumentos de tu amor.
Cierren los ojos por un momento. Imaginen un campo de trigo bajo el sol de la tarde, donde el viento mueve las espigas en un vaivén dorado, casi como si el campo mismo estuviera respirando. Es un lugar de sencillez, de naturaleza, de vida en su estado más puro. En medio de ese campo, un grupo de hombres camina. Están cansados, con el polvo del camino en las sandalias, y el hambre, esa sensación tan humana y básica, les recuerda su fragilidad. El Evangelio de hoy nos sitúa ahí, en un campo de grano, donde los discípulos, movidos por la necesidad, arrancan unas espigas y las frotan entre sus manos para comer. Es un gesto tan cotidiano, tan elemental. Es el gesto de alguien que confía en que la tierra, dada por Dios, es para el sustento de sus hijos.
Pero entonces, el ruido del juicio irrumpe en esa paz. Los fariseos, siempre atentos a la norma externa, ven el gesto y lo llaman 'ilícito'. Están tan preocupados por el límite, por la letra de la ley, que se olvidan de mirar el corazón de lo que está ocurriendo. Para ellos, la ley es un muro; para Jesús, la ley es un camino que conduce a la vida. Jesús les responde con la historia de David, recordándoles que la misericordia de Dios siempre está por encima de la rigidez humana. Él es el Señor del sábado, el Señor del tiempo, el Señor de cada momento de nuestra existencia, incluso de esos momentos en los que el hambre del alma parece insaciable.
Benjamin Vo conocía bien el valor de las cosas. Ben era un muchacho que, con su mente brillante y su curiosidad insaciable, entendía que el mundo es un lugar vasto para ser explorado. ¿Recuerdan cómo le gustaba observar los aviones? Esa pasión por los Boeing 737, ese deseo de crear su propia 'Con Chim Airlines'... Ben no solo miraba las máquinas; él miraba la posibilidad de volar, de trascender, de conectar mundos. Tenía una inteligencia que le permitía navegar por códigos complejos, por infraestructuras digitales, por esa lógica que a menudo nos parece inalcanzable. Pero, al igual que los discípulos en el campo de trigo, Ben sabía que lo más importante no era la estructura, sino la vida que se compartía dentro de ella.
Alan, Thao, Ryan... hace dos meses que el silencio se instaló en el lugar donde antes resonaba la risa de Ben. Sé que ese silencio tiene un peso, una densidad que a veces parece sofocar. Sé que hay días en los que el simple acto de respirar se siente como un esfuerzo, como si estuvieran caminando por ese campo de trigo, pero con las manos vacías. Y en medio de ese vacío, surge la pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué se nos pide este sacrificio? ¿Por qué la vida se siente tan corta, tan incompleta?
Escuchen bien esto, porque es la verdad del Evangelio: Dios no nos pide que seamos perfectos, ni nos pide que entendamos los misterios de la vida y de la muerte. Nos pide que confiemos. En la primera lectura, San Pablo nos desafía con una pregunta que atraviesa los siglos: '¿Qué tienes que no hayas recibido?'. Ben fue un don. Su vida, su sonrisa, su manera de mirar el mundo, su capacidad de ofrecer su alcancía para ayudar a su tío William sin necesidad de romperla, solo por el deseo puro de dar... todo eso fue un regalo. Fue un préstamo del amor de Dios que pasó por sus manos y que enriqueció sus vidas de una manera que nada podrá borrar.
Quiero decirles algo a ustedes, padres, que cargan con el peso de la ausencia. A veces, en el silencio de la noche, la mente juega malas pasadas. Nos preguntamos si pudimos haber hecho más, si hubo algo que se nos escapó, si la enfermedad fue de alguna manera un reflejo de nuestras propias limitaciones. Por favor, dejen esa carga a los pies de la Cruz. La enfermedad no es un castigo, ni es una omisión, ni es la consecuencia de algo que ustedes dejaron de hacer. Ustedes fueron el amor encarnado para Ben. Ustedes fueron su hogar, su puerto, su 'cuatro perfecto'. Dios no les pide cuentas de lo que no estaba bajo su control. Dios no los juzga; Dios los abraza. Ustedes no fallaron en nada. El amor que le dieron fue el alimento que sostuvo su alma hasta el último instante.
Ben es ahora parte de la eternidad. Como San Carlo Acutis, con quien compartía esa chispa de modernidad y fe, Ben ha entrado en el 'Banquet of Heaven'. Él ya no conoce el hambre, ni el cansancio, ni la lucha contra la enfermedad. Él está en la presencia del Señor del sábado, disfrutando de esa paz que nosotros aún buscamos con tanta dificultad. Y desde allí, él sigue siendo parte de su 'cuatro perfecto'. Ryan, tu hermano mayor te mira. Él sabe lo que es ser tu compañero de aventuras, tu amigo, tu guía. Él no se ha ido; ha cambiado de perspectiva. Cuando mires al cielo y veas un avión, cuando sientas una brisa en el patio, cuando escuches una historia divertida, recuerda que él está ahí, celebrando contigo la vida que ambos recibieron de Dios.
La vida no se mide por el número de años, sino por la profundidad del amor que se ha entregado. Ben vivió quince años, pero vivió con una intensidad que muchos no alcanzan en toda una vida. Él dejó huellas en todo el mundo, desde los grottoes de Lourdes hasta las calles de Asia. Él dejó huellas en la vida de quienes lo conocieron, y sigue dejando huellas a través de gestos de bondad que se realizan en su nombre, como ese pozo de agua en Cà Mau que ahora lleva su nombre, 'Giếng Gioan Baotixita', dando vida a otros. Su amor sigue fluyendo, sigue dando de beber a los sedientos, sigue siendo una fuente de esperanza.
San Pablo nos dice hoy: 'Cuando somos calumniados, respondemos con bondad; cuando somos perseguidos, aguantamos'. Es la actitud de quien sabe que pertenece a Cristo. Ustedes, al seguir adelante, al levantarse cada mañana a pesar del dolor, están viviendo esa misma fe. Están respondiendo al dolor con la bondad de seguir amándose, de seguir cuidándose, de seguir siendo familia. Ese es el testimonio más grande que pueden dar. No necesitan ser fuertes todo el tiempo. Jesús mismo se sintió débil en el huerto. Él conoce su llanto. Él conoce su cansancio. Él es el Señor del sábado que se acerca a ustedes en el campo de su propia vida y les dice: 'No teman, yo estoy aquí'.
¿Qué pueden llevarse hoy al salir de este lugar? Les propongo algo pequeño, algo que Ben entendería perfectamente. Hoy, busquen un momento de silencio. No para pedir explicaciones, porque el amor de Dios no es una ecuación matemática, sino un misterio que se vive. Simplemente, siéntense en presencia de Dios y digan: 'Señor, gracias por Ben. Gracias por el regalo de haberlo tenido en nuestras vidas'. Y luego, hagan un pequeño acto de bondad, algo invisible, algo que nadie más tenga que saber. Quizás una palabra amable a alguien que está solo, o un gesto de paciencia con alguien que los ha hecho enojar. Que el amor de Ben siga fluyendo en el mundo a través de sus manos.
No busquen respuestas en el pasado, porque el pasado ya está en manos de Dios. Busquen la presencia de Dios en el presente. Él está en la mesa, está en el patio, está en el silencio de su hogar. Él es el Señor del sábado, y Él ha prometido que nada de lo que es suyo se perderá. Ben está a salvo, Ben está en paz, y Ben los espera. Hasta que llegue ese día, sigan caminando, sigan amando, y sobre todo, sigan siendo la familia que él tanto adoraba. Dios no los abandona. Él está con ustedes, en el llanto y en la esperanza, hoy y siempre.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los acompañe y les dé la paz que el mundo no puede dar. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.