En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Sean bienvenidos a este espacio de oración, donde nos reunimos para acoger la Palabra de Dios que consuela y renueva nuestra esperanza.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
En la primera lectura de hoy, el profeta Ezequiel recibe una misión singular: se le pide comer el rollo de la Palabra de Dios. Y al probarlo, nos dice algo hermoso: «En mi boca era dulce como la miel». El Salmo responde con el mismo asombro: «¡Qué dulces son a mi paladar tus promesas!». Acoger la presencia y las palabras del Señor no es una carga, sino un alimento que llena el alma de consuelo y suavidad.
Y en el Evangelio, Jesús pone a un niño en medio de los discípulos y les hace una revelación profunda: «El que se haga humilde como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos». ¿Por qué nos pide Jesús ser como niños? Porque el niño sabe escuchar con el corazón abierto, confía sin reservas y acoge cada gesto de amor con total sencillez.
Benjamin poseía esa hermosa cualidad. Tenía una mente prodigiosa, sí, pero sobre todo un alma dulce y atenta. A Ben le fascinaba sentarse a escuchar a su papá contar historias… Escuchaba con atención completa, disfrutando cada relato, fascinado por la voz de su padre. En esa escena tan sencilla de Ben escuchando a su papá, vemos reflejado lo que Jesús nos pide hoy: la capacidad de dejarse amar, de recibir la belleza de las palabras con la inocencia y el gozo de un corazón limpio.
Al cumplirse hoy exactamente ocho semanas desde la partida de nuestro querido Benjamin Vo, el Evangelio nos trae una certeza que sosiega el alma: «Sus ángeles en el cielo contemplan continuamente el rostro de mi Padre celestial… No es voluntad de su Padre que se pierda uno solo de estos pequeños».
Ben no está perdido. Benjamin vive en la presencia dulce del Creador, envuelto en esa luz que no tiene fin.
Queridos Alan y Thao… querido Ryan… el amor tan puro que compartieron con Ben permanece intacto. Que el Señor los sostenga día a día, y que sigan caminando juntos, fortaleciendo sus corazones y rodeando de ternura a Ryan.
A sus tíos, tías y a todos los que lo aman; a quienes nos acompañan desde la distancia, a los niños que sufren y a cada familia que lleva una cruz pesada: sientan hoy la cercanía del Señor. Que la Virgen María y Santa Clara los cobijen en su paz, mientras confiamos en que Ben nos contempla con su hermosa sonrisa desde el abrazo eterno del Padre. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.