En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes. Nos reunimos hoy para reflexionar en la Palabra de Dios y en la esperanza que nos ofrece.
Señor, ten misericordia de nosotros. Cristo, ten misericordia de nosotros. Señor, ten misericordia de nosotros.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Hoy, seis semanas después de que nuestro querido Benjamin Vo fuera llamado a la casa del Padre, las lecturas nos ofrecen una profunda reflexión sobre lo que verdaderamente valoramos y buscamos en la vida. Nos invitan a ponderar la sabiduría que pedimos a Dios y el tesoro inestimable del Reino de los Cielos.
En la primera lectura, escuchamos el relato del joven rey Salomón. Dios se le aparece en un sueño y le dice: “Pídeme lo que quieras”. ¡Qué ofrecimiento tan extraordinario! ¿Qué pediríamos nosotros? ¿Riquezas, poder, una vida larga, la derrota de nuestros enemigos? Pero Salomón, en su humildad, responde: “Soy un joven inexperto… Dame, pues, un corazón comprensivo para juzgar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal”. El Señor se agrada de su petición y le concede una sabiduría sin igual. Salomón no pide para sí mismo, sino para servir mejor al pueblo de Dios, para discernir la verdad y la justicia.
Luego, en el Evangelio, Jesús nos presenta varias parábolas que nos hablan del Reino de los Cielos. Nos dice que es como “un tesoro escondido en un campo” o como “una perla de gran valor”. ¿Qué hace el que encuentra este tesoro o esta perla? “Va y vende todo lo que tiene y lo compra”. ¿Lo entendemos, hermanos y hermanas? El Reino de los Cielos es de un valor tan inmenso que vale la pena dejarlo todo por él. No es una posesión más, sino la posesión que da sentido a todas las demás.
Nuestro querido Benjamin Vo, con su mente brillante y su gentil espíritu, era un muchacho que poseía una curiosidad insaciable. Le encantaba explorar el mundo, desde las bulliciosas calles de Beijing hasta las sagradas grutas de Lourdes. Pero más allá de eso, Ben tenía una habilidad particular para la lógica y las matemáticas, abordando conceptos complejos con la sofisticación de alguien mayor. Esa curiosidad, esa búsqueda de la verdad y la comprensión, es un reflejo de lo que Salomón pidió: un corazón que discierne, una mente que busca entender. Ben, con su alegría y su deseo de aprender, nos recordaba que la verdadera sabiduría no es solo acumular hechos, sino buscar la verdad más profunda. Su vida, aunque breve, fue un testimonio de que la búsqueda de la verdad y la comprensión nos acerca al tesoro del Reino.
Para Alan y Thao, para Ryan, para sus abuelos, tíos, tías, primos y todos los que amaron a Benjamin, sé que el dolor es inmenso. Seis semanas es un tiempo para seguir buscando consuelo. Pero la Palabra de Dios nos asegura que, en medio de nuestra pena, “todo coopera para el bien de los que aman a Dios”. Ben está ahora en la luz de Cristo, donde ha encontrado el tesoro de la vida eterna, donde su sabiduría se ha perfeccionado en la presencia de Dios. Su recuerdo, su radiante sonrisa y su espíritu gentil, son un faro de esperanza para todos ustedes. Vivan por Ryan, vivan por Ben, vivan en la esperanza que Cristo nos ha dado. Que la memoria de Benjamin les dé la fuerza para seguir adelante, sabiendo que su vida fue un valioso tesoro en el plan de Dios.
Y para todos los que nos acompañan desde lejos, especialmente otros niños que sufren y cada familia que lleva una cruz pesada: sepan que no están solos. Dios los ve, los escucha y los sostiene. En este momento de oración, nos unimos como una sola familia en Cristo, llevando nuestras cargas unos por otros, confiando en que la esperanza es más fuerte que cualquier tristeza. Que la memoria de Benjamin nos inspire a vivir cerca de Jesús, del Padre y de nuestra Santísima Madre María. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde; que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ustedes y les conceda su paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.