En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes. Nos reunimos hoy como familia de fe para escuchar la Palabra de Dios y encontrar consuelo y esperanza.
Señor, ten misericordia. Cristo, ten misericordia. Señor, ten misericordia.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Nos reunimos hoy, cinco semanas después de que nuestro querido Benjamin Vo fuera llamado a la casa del Padre. Y las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre la verdadera familia de Dios, y sobre la misericordia que Él derrama sobre nosotros.
En la primera lectura, el profeta Miqueas nos pinta un cuadro conmovedor de la fidelidad de Dios. Nos dice: “¿Quién hay como tú, Dios, que quitas la culpa y perdonas el pecado… que no mantienes para siempre tu enojo, sino que te deleitas en la clemencia?” ¡Qué promesa tan hermosa! Dios no se aferra a nuestra ira, sino que se deleita en la compasión, pisoteando nuestras culpas y arrojando nuestros pecados a las profundidades del mar. Es una imagen poderosa de un Dios que nos pastorea con su cayado, como a un rebaño, mostrándonos señales maravillosas como en los días antiguos.
Luego, en el Evangelio, Jesús nos sorprende con una afirmación profunda. Mientras habla a la multitud, le avisan que su madre y sus hermanos están afuera, deseando hablar con Él. Y Jesús responde: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dice: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”.
¿Qué nos dice Jesús con estas palabras? ¿Está negando a su familia terrenal? No, en absoluto. Él está expandiendo el concepto de familia, revelándonos una verdad espiritual más profunda: la verdadera conexión con Él no es solo de sangre, sino de obediencia a la voluntad del Padre. Es una familia de fe, de amor y de compromiso. Y en esa familia, todos somos bienvenidos.
Nuestro querido Benjamin Vo, con su mente brillante y su espíritu gentil, era un muchacho que nos recordaba la alegría de pertenecer. Ben tenía una pasión profunda por la aviación y los aviones comerciales, especialmente el Boeing 737. “Observar aviones” se convirtió en un ritual preciado, un pasatiempo que compartió con su padre en casi todas las ciudades que visitaron. Esa alegría compartida, esa conexión en un interés común, es un pequeño reflejo de cómo Dios nos invita a su familia, a compartir su alegría, a encontrar nuestro lugar.
Para Alan y Thao, para Ryan, para sus abuelos, tíos, tías, primos y todos los que amaron a Benjamin, sé que el dolor es inmenso. Cinco semanas es un tiempo corto para asimilar una pérdida tan profunda. Pero la Palabra de Dios nos asegura que Él es un Dios que se deleita en la clemencia, que nos pastorea con amor. Benjamin está ahora en la luz de Cristo, en la presencia de Dios, formando parte de esa gran familia celestial que hace la voluntad del Padre. Su recuerdo, su sonrisa radiante y su espíritu gentil, son un faro de esperanza para todos ustedes. Vivan por Ryan, vivan por Ben, vivan en la esperanza que Cristo nos ha dado.
Y para todos los que nos acompañan desde lejos, especialmente otros niños que sufren y cada familia que lleva una cruz pesada: sepan que no están solos. Dios los ve, los escucha y los sostiene. En este momento de oración, nos unimos como una sola familia en Cristo, llevando nuestras cargas unos por otros, confiando en que la esperanza es más fuerte que cualquier tristeza. Que la memoria de Ben nos inspire a vivir cerca de Jesús, del Padre y de nuestra Santísima Madre María. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, los ilumine con su rostro y les conceda su paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.