En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes. Nos reunimos hoy para escuchar la Palabra de Dios y ofrecer nuestras oraciones.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Nos encontramos hoy, cinco semanas después de que nuestro querido Benjamin Vo fuera llamado a la casa del Padre, y la Palabra de Dios nos ilumina con una esperanza profunda. Las lecturas de hoy nos presentan un contraste marcado: por un lado, la advertencia contra la iniquidad y la codicia; por otro, la promesa de la justicia y la misericordia de Dios a través de su Siervo, Jesús.
El profeta Miqueas denuncia a aquellos que traman el mal, que codician y arrebatan lo ajeno. Es una imagen sombría de la injusticia humana. Pero el Salmo 10 nos eleva, recordándonos que Dios "sí ve, pues contempla la miseria y la pena, tomándolas en sus manos". En Él, el desdichado confía, y Él es el "auxiliador del huérfano". ¿No es esto un consuelo inmenso, saber que Dios no es indiferente a nuestro sufrimiento, que Él ve y actúa?
Luego, el Evangelio nos muestra a Jesús, el Siervo elegido, el amado en quien Dios se deleita. Él se retira de la amenaza, pero no para esconderse, sino para curar a todos los que lo siguen. Él es aquel de quien se dijo: "No contenderá ni gritará, ni nadie oirá su voz en las calles. Una caña cascada no la quebrará, una mecha humeante no la apagará". ¡Qué imagen tan tierna y poderosa de nuestro Salvador!
Nuestro querido Ben, con su espíritu gentil y su sonrisa radiante, era un muchacho que, a pesar de su corta edad, ya mostraba una profunda empatía por los demás. Esa capacidad de sentir con el otro, de preocuparse, era un reflejo de su corazón noble. Su vida, aunque breve, fue una luz que iluminó a quienes lo conocieron, una muestra de cómo la bondad puede florecer en cualquier etapa de la vida. Ben nos enseñó con su propia presencia lo que significa ser un alma tierna, sin quebrar la caña cascada ni apagar la mecha humeante.
Para Alan y Thao, para Ryan, para sus abuelos, tíos, tías, primos y todos los que amaron a Benjamin, sé que el dolor es inmenso. Cinco semanas es un tiempo corto para asimilar una pérdida tan profunda. Pero la Palabra de Dios nos asegura que Él ve sus lágrimas, escucha sus oraciones y los sostiene. Ben está ahora en la luz de Cristo, en la presencia de Dios, donde la justicia ha triunfado y la esperanza es eterna. Su recuerdo, su sonrisa y su espíritu gentil, son un faro de esperanza para todos ustedes. Vivan por Ryan, vivan por Ben, vivan en la esperanza que Cristo nos ha dado.
Y para todos los que nos acompañan desde lejos, especialmente otros niños que sufren y cada familia que lleva una cruz pesada: sepan que no están solos. Dios los ve, los escucha y los sostiene. En este momento de oración, nos unimos como una sola familia en Cristo, llevando nuestras cargas unos por otros, confiando en que la esperanza es más fuerte que cualquier tristeza. Que la memoria de Ben nos inspire a vivir cerca de Jesús, del Padre y de nuestra Santísima Madre María. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde; que el Señor haga brillar su rostro sobre ustedes y les conceda su paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.