En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes. Nos reunimos hoy como familia de fe para escuchar la Palabra de Dios y orar juntos.
Señor, ten misericordia. Cristo, ten misericordia. Señor, ten misericordia.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Hoy, cinco semanas después de que nuestro querido Benjamin Vo fuera llamado a la casa del Padre, las lecturas nos invitan a reflexionar sobre la verdadera fuente de vida y la capacidad de ver y escuchar con el corazón. Es un momento para detenernos y considerar dónde buscamos nuestra nutrición espiritual, nuestra verdadera alegría.
En la primera lectura, el profeta Jeremías nos trae un mensaje contundente de parte de Dios. El Señor recuerda la devoción de Israel en su juventud, cómo lo amaban como una novia en el desierto. Pero luego, la amarga queja: “Dos males ha cometido mi pueblo: me han abandonado a mí, la fuente de agua viva, y se han cavado cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua”. ¡Qué imagen tan poderosa! Dios es la fuente inagotable de vida, pero su pueblo lo abandonó por “cisternas agrietadas” que no podían saciar su sed. ¿No nos pasa a veces también a nosotros, que buscamos satisfacción en cosas que finalmente nos dejan vacíos?
Luego, en el Evangelio, Jesús explica a sus discípulos por qué habla en parábolas a la multitud. Dice: “Porque a ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no.” Y cita a Isaías: “Ustedes oirán, pero no entenderán; mirarán, pero no verán.” No es que Dios esconda la verdad, sino que algunos tienen el corazón tan endurecido, los ojos tan cerrados y los oídos tan sordos, que no pueden recibirla. Pero a sus discípulos les dice: “¡Dichosos sus ojos, porque ven, y sus oídos, porque oyen!” ¡Qué regalo es tener un corazón abierto a la Palabra de Dios!
Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era un muchacho con una mente brillante y una curiosidad insaciable. Su pasión por la aviación, por los aviones comerciales, especialmente el Boeing 737, no era solo un pasatiempo. Era una forma de ver el mundo, de comprender cómo las cosas funcionan, de explorar los cielos y conectar lugares. Esa curiosidad, esa sed de conocimiento, era un reflejo de un corazón que buscaba entender, que quería ver y aprender. Y esa misma curiosidad, cuando se dirige hacia Dios, nos lleva a la fuente de agua viva, a la verdad que perdura. Ben, con su capacidad de asombro y su alegría, nos recordaba la belleza de tener los ojos y los oídos abiertos a las maravillas del mundo y, en última instancia, a las maravillas de Dios.
Para Alan y Thao, para Ryan, para sus abuelos, tíos, tías, primos y todos los que amaron a Benjamin, sé que el dolor es inmenso. Cinco semanas es un tiempo corto para asimilar una pérdida tan profunda. Pero la Palabra de Dios nos asegura que Él es la fuente de vida, y que en su luz, vemos la luz. Ben está ahora en la luz de Cristo, bebiendo de la fuente inagotable de vida, donde sus ojos ven la gloria de Dios. Su recuerdo, su radiante sonrisa y su espíritu gentil, son un faro de esperanza para todos ustedes. Vivan por Ryan, vivan por Ben, vivan en la esperanza que Cristo nos ha dado.
Y para todos los que nos acompañan desde lejos, especialmente otros niños que sufren y cada familia que lleva una cruz pesada: sepan que no están solos. Dios los ve, los escucha y los sostiene. En este momento de oración, nos unimos como una sola familia en Cristo, llevando nuestras cargas unos por otros, confiando en que la esperanza es más fuerte que cualquier tristeza. Que la memoria de Benjamin nos inspire a vivir cerca de Jesús, del Padre y de nuestra Santísima Madre María, y a beber siempre de la fuente de agua viva que es Él. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ustedes y les muestre su misericordia. Que el Señor los mire con agrado y les conceda la paz. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.