En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Que la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
En la primera lectura, el profeta Ezequiel nos presenta una imagen impactante: un hombre cargando su equipaje sobre los hombros en medio de la oscuridad. Camina en el silencio de la noche, llevando un peso inmenso hacia lo desconocido.
¿Cuántas veces en la vida nos sentimos exactamente así? ¿Cuántas veces cargamos en el corazón un equipaje pesado, caminando a ciegas en la penumbra del dolor? …
En el Evangelio, Pedro le pregunta a Jesús sobre el perdón, y el Maestro responde revelándonos el rostro de Dios: un Rey cuyo corazón, al ver a su siervo angustiado, «se conmovió y lo dejó marchar, perdonándole la deuda». El Dios en quien creemos no nos abruma con cargas imposibles; el Dios de Jesucristo es compasión infinita que libera y aligera el peso de nuestra alma.
Y sin embargo, cuando la pérdida irrumpe en nuestras vidas, es muy fácil para el corazón humano cargarse con mochilas invisibles pero aplastantes. Tantos padres, tantas familias que sufren, llevan en silencio la pregunta hiriente: ¿Habré pasado algo por alto? ¿Pude haber hecho más? ¿Tuve alguna culpa? …
Escuchemos hoy la voz del Señor con total claridad. Cuando le preguntaron a Jesús por qué un hombre padecía, Él respondió tajantemente: «Ni este pecó ni sus padres». Las pruebas de la vida no son un castigo de Dios; Dios no envía el sufrimiento ni acusa a nadie. Hay dolores que escapan por completo al control humano, y ninguna vigilancia habría podido cambiarlos. Hoy, el Señor quiere quitar esa piedra de sus corazones. Dios no los culpa… y ustedes tampoco deben culparse. Dejen caer esa carga pesada en la oscuridad.
Hoy se cumplen exactamente ocho semanas desde que nuestro querido Benjamin Vo partió hacia la paz del Creador. Y al recordar a Ben, no lo imaginamos llevando cargas pesadas, sino volando alto.
Benjamin era un muchacho de un espíritu alegre y profundamente soñador. Le fascinaban los aviones y los pájaros. De hecho, contaba entre risas y con una sonrisa luminosa cómo quería fundar su propia aerolínea imaginaria: «Con Chim Airlines». Se le iluminaba el rostro al hablar de volar, de elevarse hacia los cielos con total libertad. En esa risa contagiosa de Ben vemos reflejada la inocencia y la belleza de un alma pura.
Ben no vive en la angustia ni bajo el peso del cansancio. Benjamin vive en la inmensidad del Amor de Dios, contemplando las alturas eternas con esa misma alegría.
Queridos Alan y Thao… querido Ryan… entreguen hoy al Señor cualquier duda o cansancio. Dejen que la compasión de Cristo abraza sus corazones. Apóyense con infinita ternura y sigan caminando juntos con esperanza por el futuro de Ryan.
A sus tíos, tías y a toda la familia; a quienes nos acompañan desde la distancia, a los niños que sufren y a cada familia que carga una cruz pesada: sientan la cercanía del Señor. Que la Santísima Virgen María los envuelva en su manto de paz, mientras confiamos en que nuestro amado Ben nos contempla con alegría desde los cielos. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.