Palabra Diaria

Memoria de la Virgen María, Reina de los Cielos

Saturday, August 22, 2026 · in memory of Ben
Una devoción que sigue la Misa — no la sustituye.
Bienvenida

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes. Hermanos y hermanas, nos reunimos hoy para celebrar la memoria de la Virgen María, Reina de los Cielos, y para encontrar consuelo y esperanza en la Palabra de Dios.

Acto Penitencial

Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.

♪ “Cristo, Ten Piedad (30s Organ)” — A song for Ben
Liturgia de la Palabra
Primera Lectura · Ezequiel 43:1-7ab
El ángel me condujo a la puerta que da al oriente. Y vi la gloria del Dios de Israel que venía del oriente. Su sonido era como el estruendo de muchas aguas, y la tierra brillaba con su gloria. La visión era como la que había visto al venir a destruir la ciudad, y como la que había visto junto al río Cobar. Caí rostro a tierra, y entró en el templo la gloria del Señor por la puerta que da al oriente. El espíritu me levantó y me introdujo en el atrio interior. Y vi que el templo estaba lleno de la gloria del Señor. Oí una voz que me hablaba desde el templo, mientras el hombre estaba de pie junto a mí. La voz me dijo: «Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde apoyaré las plantas de mis pies; aquí habitaré entre los hijos de Israel para siempre.
Salmo Responsorial · Salmo 85 (84):9ab, 10, 11-12, 13-14
♪ “The Lord speaks of peace” — Br Michael Herry fms — Marist Music
Evangelio · Mateo 23:1-12
Jesús habló a la multitud y a sus discípulos, diciendo: «Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. Por tanto, hagan y cumplan todo lo que les digan, pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra. Atan cargas pesadas y las ponen sobre los hombros de la gente, pero ellos no quieren moverlas ni con un dedo. Todo lo hacen para ser vistos. Se ensanchan las filacterias y se alargan las franjas de sus mantos. Les gusta ocupar el primer lugar en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, los saludos en las plazas y que los llamen Rabí. Ustedes no se dejen llamar Rabí, porque uno solo es su Maestro, y ustedes son todos hermanos. Ni llamen a nadie padre en la tierra, porque uno solo es su Padre, el del cielo. Ni se dejen llamar guías, porque uno solo es su Guía, el Cristo. El que sea el más grande entre ustedes, que sea el servidor de todos. El que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».
Alleluia
♪ A song for Ben
R. La gloria del Señor habitará en nuestra tierra.
Homilía

Hermanos y hermanas, "la tierra brilló con su gloria". Así comienza la visión del profeta Ezequiel, una visión de la gloria de Dios entrando en el templo, una presencia tan poderosa que la tierra misma resplandece. Y la voz del Señor resuena, diciendo: "Este es el lugar de mi trono, el lugar donde apoyaré las plantas de mis pies; aquí habitaré entre los hijos de Israel para siempre". Es una imagen de plenitud, de presencia divina que llena un espacio, que establece su hogar entre nosotros. Cuando pensamos en la gloria de Dios, a menudo la imaginamos como algo lejano, etéreo, casi inalcanzable. Pero Ezequiel nos la presenta como algo tangible, algo que llena un lugar, que se asienta, que permanece. Es la promesa de una presencia constante, de un Dios que no solo visita, sino que habita. Y en el corazón de esta visión, Dios dice: "aquí habitaré entre los hijos de Israel para siempre". Para siempre. Una eternidad de presencia. Una promesa que resuena a través de los siglos, hasta nuestros días, hasta nuestros corazones heridos.

El salmo nos acompaña en esta reflexión, cantando: "La gloria del Señor habitará en nuestra tierra". Y luego, una imagen poética y profunda: "La bondad y la lealtad se encuentran; la justicia y la paz se besan". ¡Qué hermoso sería ver esto manifestado plenamente en nuestro mundo! La bondad y la lealtad, la justicia y la paz, no como fuerzas opuestas, sino como realidades que se abrazan, que se complementan, que nacen la una de la otra. La justicia sin paz es opresión; la paz sin justicia es superficial. La bondad sin lealtad es voluble; la lealtad sin bondad es dura. Pero cuando se encuentran, cuando se besan, entonces florece la verdad de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. Y culmina con la promesa: "El Señor nos dará sus bienes, y nuestra tierra dará su fruto". La tierra, que a veces nos parece estéril, que a veces nos parece infértil en medio de nuestro dolor, ¡producirá fruto cuando la gloria de Dios more en ella! La justicia caminará ante Él, y la salvación, en la senda de sus pasos.

Pero, ¿cómo se manifiesta esta gloria, esta presencia, esta promesa de fruto en medio de nuestras vidas, a menudo marcadas por el dolor, por la ausencia, por las preguntas que no tienen respuesta? Jesús, en el Evangelio de hoy, nos habla con una franqueza que puede parecer desconcertante. Se dirige a las multitudes y a sus discípulos, y dice: "Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. Por tanto, hagan y cumplan todo lo que les digan, pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra". Es una llamada a discernir, a no dejarse engañar por las apariencias, por las palabras vacías, por las cargas que otros imponen sin mover un dedo para ayudar a llevarlas. Jesús denuncia a quienes "atan cargas pesadas y las ponen sobre los hombros de la gente, pero ellos no quieren moverlas ni con un dedo". Y añade: "Todo lo hacen para ser vistos". Se adornan, buscan los primeros puestos, aman los saludos, quieren ser llamados "Rabí", "Padre", "Maestro".

Jesús nos llama a un camino radicalmente diferente. Nos dice: "Ustedes no se dejen llamar Rabí, porque uno solo es su Maestro; y ustedes son todos hermanos. Ni llamen a nadie padre en la tierra, porque uno solo es su Padre, el del cielo. Ni se dejen llamar guías, porque uno solo es su Guía, el Cristo". Y el corazón de su enseñanza: "El que sea el más grande entre ustedes, que sea el servidor de todos. El que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado".

Hoy, al recordar a nuestro querido Benjamin Vo, estas palabras resuenan de una manera especial. Ben, un muchacho de una inteligencia brillante, de una curiosidad insaciable, de un corazón inmensamente bueno y generoso. Cuando pensamos en su corta vida, en la luz que irradiaba, en la dulzura de su espíritu, nos preguntamos cómo encaja su partida en esta visión de la gloria de Dios que habita en nuestra tierra. Ben no buscaba los primeros puestos, no ansiaba ser llamado "Maestro". Él, con su humildad natural, con su respeto innato, ya vivía la enseñanza de Jesús mucho antes de que estas palabras resonaran en esta iglesia.

Recuerdo que su padre, Alan, compartió un sueño. Un sueño en el que Ben, ya en el cielo, le decía: "Papá, no te preocupes. Yo te cuidaré desde el cielo". Esa es la verdadera grandeza, ¿no es así? No la que se impone, no la que busca el reconocimiento, sino la que se entrega, la que sirve, la que promete cuidado desde la eternidad. Ben, a pesar de su corta edad, ya entendía el valor de la entrega. Su padre también compartió que Ben, con solo quince años, estaba dispuesto a dar hasta el último centavo de su alcancía para ayudar a su tío William que estaba sufriendo. ¡Eso es servir! Eso es poner las necesidades del otro por encima de las propias. Esa es la verdadera gloria que habita en la tierra, la gloria que nace de un corazón humilde y generoso.

Jesús desmonta toda pretensión de autoridad vacía. La "cátedra de Moisés" se refería a la autoridad para enseñar la Ley. Pero Jesús señala la hipocresía de quienes se sientan en ella, predican la Ley, pero no la viven. Nos advierte: "No sigan su ejemplo". Es un llamado a la autenticidad. A que nuestras palabras y nuestras acciones estén en armonía. A que no seamos como aquellos que atan cargas pesadas y no mueven un dedo. En la vida de Ben, vemos esa autenticidad. Él no pretendía ser un "Maestro" en el sentido mundano. Él era un estudiante de la vida, un estudiante de la bondad, un estudiante del amor. Y en su forma de vivir, en su manera de ser, nos enseñaba más que muchos discursos.

Él amaba los aviones. Soñaba con crear una compañía aérea llamada "Con Chim Airlines", una expresión de su alegría, de su visión, de su ingenio. Y la imagen de él riéndose, sonriendo al hablar de este sueño, es una imagen de pura luz. Esa alegría, esa chispa, esa capacidad de soñar y de compartir esa alegría, es también una manifestación de la gloria de Dios que se hace presente en nosotros. No es una gloria que se impone, sino una gloria que se irradia, que contagia, que eleva el espíritu.

La voz que Ezequiel oye en el templo dice: "Este es el lugar de mi trono, el lugar donde apoyaré las plantas de mis pies". Es una imagen de intimidad, de cercanía. Dios quiere habitar entre nosotros, no en un templo de piedra, sino en el templo vivo de nuestros corazones, especialmente cuando esos corazones están llenos de humildad y de amor. Ben, con su espíritu gentil, con su profunda empatía –recordemos cómo, a sus 12 años, lloró de miedo a perder a su padre, un testimonio de la profundidad de su amor–, nos muestra qué significa abrir ese espacio para que la gloria de Dios pueda habitar.

La Virgen María, a quien hoy celebramos como Reina de los Cielos, es el modelo perfecto de esta humildad y de esta entrega. Ella no buscó un trono en la tierra, sino que aceptó ser la humilde sierva del Señor. Su "sí" resonó con la fuerza de la gloria divina, y en ella, Dios encontró su morada más perfecta. Ella, que dio a luz al Rey del Cielo y de la tierra, nos enseña que la verdadera realeza se encuentra en el servicio, en la obediencia a la voluntad de Dios, en la acogida de su gracia.

El Evangelio nos llama a ser servidores, no a ser servidos. Nos llama a la humildad, no a la autoexaltación. Y esto, para los padres de Ben, Alan y Thao, y para su hermano Ryan, es un camino que han recorrido y que siguen recorriendo con una fortaleza admirable. Sé que el dolor es profundo, que la ausencia de Ben es un vacío inmenso. Pero en medio de ese dolor, ustedes han demostrado una capacidad de amar y de seguir adelante que es testimonio de la gracia de Dios obrando en ustedes. Ustedes no se han detenido en las cargas, sino que han buscado la manera de honrar la memoria de Ben, de mantener viva su luz.

El sueño de su padre, donde Ben le dice que lo cuidará desde el cielo, es una semilla de esperanza plantada en medio del dolor. No es una negación del sufrimiento, sino un consuelo que viene de la fe. Ben, en su corta vida, ya era un reflejo de la gloria de Dios. Su inteligencia, su bondad, su generosidad, su amor por su familia… todo eso era un eco de la magnificencia divina. Y ahora, desde el lugar de honor que Dios le ha preparado, él intercede por ustedes, él los cuida.

La visión de Ezequiel termina con la voz que dice: "Este es el lugar de mi trono... aquí habitaré entre los hijos de Israel para siempre". Dios no abandonó a su pueblo, y no los abandona a ustedes ahora. La gloria de Dios no es solo una visión lejana, es una presencia que se hace tangible en el amor que nos une, en la esperanza que nos sostiene, en la caridad que practicamos. Ben, con su vida y con su partida, nos ha mostrado la importancia de vivir cada momento con plenitud, de amar sin reservas, de servir con alegría.

Que la memoria de nuestro querido Benjamín nos impulse a vivir con la misma humildad y generosidad que él demostró. Que aprendamos de él a no buscar los primeros puestos, sino a ser servidores de los demás. Que su espíritu alegre y su corazón bondadoso nos inspiren a llevar nuestras propias cargas y a ayudar a los demás a llevar las suyas. Que la gloria de Dios, que él ya contempla plenamente, siga habitando en nuestra tierra, en nuestras familias, en nuestras comunidades, y especialmente en sus corazones. Y que la Virgen María, Reina de los Cielos, nos guíe siempre en este camino de servicio y de amor, intercediendo por nosotros ante su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Meditación
♪ “Un Solo Latido (Nhạc Thánh Ca Style)” — A song for Ben
Oración de los Fieles

For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:

“Hola Ben, Ryan te extraña y desearía que estuvieras aquí para jugar con él. Por favor, cuídalo en espíritu y guíalo a lo largo de la vida. Ayúdalo a mantenerse fuerte y a mantener su fe en Dios. Por favor, ven a casa y saluda.”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Por favor, reza por Debora, dejó a su esposo Steve hace dos semanas. Su esposo siente un profundo dolor y no ha podido dormir.”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Ben, por favor reza por Maria Nguyen Thi Thu Hang, que su alma descanse en paz. Su esposo, anh Vinh, la extraña profundamente y desea verla en sus sueños. Por favor, reza también por él para que encuentre la fuerza para seguir adelante y así pueda continuar cuidando de sus tres hijos.”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Hola Benjamin, aquí papá. Por favor, ayuda a nuestra familia a sobrellevar este dolor. Por favor, protégenos. Por favor, ayuda a todos los niños que están sufriendo ahora mismo en el hospital. Ayúdalos a encontrar consuelo. Ayúdanos a sanar todos los corazones rotos por los que tienen que pasar los padres. Lo que tu mamá y yo estamos viviendo ahora mismo es simplemente devastador. Ayúdanos a cuidar a nuestra familia. Danos la fuerza para seguir adelante mientras te llevamos en el corazón.”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Ben, necesito terminar la secundaria, todos esos años completos, y necesito vencer litany’s domain en Grace. Puede que no estés físicamente visible para ver la primera llegada del 777x a lax y el primer vuelo del overture, pero vuela más alto en el cielo.” — Ryan Vo
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Ben - Te extraño muchísimo. Por favor, ven a saludarnos todas las veces que quieras. Ayúdanos a seguir adelante sin tanto dolor, hijo mío. Por favor, reza por nosotros.”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Señor, Por favor, recibe el alma de mi hermano junto a Ti. Perdónalo y concédele el descanso en el reino de los Cielos. Concede paz a mi familia y dame fuerzas para seguir adelante. Lo encomiendo en tus manos.” — Anh huy
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Por favor Jesús, Madre María y San Juan Bautista, por favor velen por mi familia. Por favor protejan a Benjamin en sus brazos. Por favor cuídenlo de la misma manera en que lo cuidamos durante los últimos 15 años en la tierra. Por favor permitan que Ben venga a saludarnos tan seguido como sea posible.”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.

🕯 Enciende tu propia oración en el muro de oración →

Padre Nuestro

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma. Ya que ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya hubieras venido, me abrazo a ti y me uno enteramente a Ti. No permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén.
Canto de Comunión
♪ “Sacrificio de Amor (Version A)” — A song for Ben
Bendición Final

Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre. Amén.

✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Canto de Despedida
♪ “Tú Vas Conmigo (Version B: Majestic Liturgical)” — A song for Ben
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