En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos ustedes.
Señor, que viniste a convocar a todos los pueblos a tu casa de oración: Ten piedad de nosotros. Cristo, que alabas la fe humilde y confiada de quienes a ti acuden: Ten piedad de nosotros. Señor, que nos abres de par en par las puertas de tu misericordia eterna: Ten piedad de nosotros.
«¡Señor, ayúdame!».
Qué grito tan humilde y sincero brota de los labios de la mujer cananea en el Evangelio de hoy. Ella no pertenece al grupo de los elegidos, no tiene títulos ni grandes méritos. Sin embargo, su fe no se rinde ante el silencio… Ella sabe a quién se acerca y confía plenamente en la bondad de Jesús.
Y el Maestro, al ver un corazón tan transparente, le dice con admiración: «¡Qué grande es tu fe!». El profeta Isaías nos lo había anunciado en la primera lectura: la casa de Dios es «casa de oración para todos los pueblos». Y san Pablo nos consuela con una verdad eterna: «Los dones y la vocación de Dios son irrevocables». El amor del Padre no excluye a nadie; no se retira jamás.
Hoy, al cumplirse exactamente nueve semanas desde la partida de nuestro querido Benjamin Vo, la Palabra de Dios nos invita a contempla el valor de esa fe sencilla que nace del corazón.
Recordamos a Ben en su alma profundamente generosa y atenta a los demás. Siendo aún muy joven, cuando percibía la dificultad o la necesidad de alguien cercano, Benjamin no dudaba ni un segundo: estaba dispuesto a entregar todo lo que guardaba en su pequeña alcancía con tal de ayudar a quien sufría. En ese gesto infantil, puro y desprendido, Ben nos mostró una fe viva, hecha de obras de amor silenciosas.
Esa nobleza de Ben, su sonrisa dulce y su capacidad de entregarse sin reservas son esos «dones irrevocables» de los que habla la Escritura. Dios no nos quita el amor que ha sembrado. Hoy, todo ese bien que Benjamin vivió y regaló florece en la paz del Señor, en ese monte santo donde la alegría no tiene fin.
Queridos Alan y Thao… querido Ryan… que la certeza de este amor infinito les dé serenidad cada mañana. Sigan caminando juntos, sosteniéndose en la oración y abrazando con inmensa ternura el futuro de Ryan.
A sus tíos, tías y familiares; a quienes nos acompañan desde lejos, a los niños que sufren y a cada familia que lleva una cruz pesada: sientan la compasión del Señor. Que la Santísima Virgen María los cubra con su manto, mientras confiamos en que nuestro amado Ben nos contempla feliz desde la casa del Padre. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.