En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo, que nos llama a servir con amor, esté con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
Cierren los ojos un momento. Imaginen a un joven, a un muchacho de quince años, sentado frente a una pantalla brillante, absorto en la lógica de un código o en la ruta de un Boeing 737. En su mente, no solo hay números o datos; hay una arquitectura de sueños. Ben no era solo un estudiante brillante de matemáticas; era un arquitecto de bondad. Recuerdo esa imagen tan suya: la de un muchacho que, con total sencillez, ofrece su alcancía para ayudar a su tío William. No la rompió, no la entregó con estruendo, no buscó aplausos. Fue un ofrecimiento silencioso, un movimiento del corazón que, a sus doce años, ya entendía que la verdadera riqueza no es lo que se guarda, sino lo que se está dispuesto a entregar por amor. Ese era Ben. Un alma que, como las de los profetas de los que habla el Evangelio, tenía una claridad que a menudo nos sobrepasa.
San Pablo, en la lectura de hoy, nos habla con una urgencia que parece sacudirnos: 'El tiempo es breve'. Nos dice que el mundo, tal como lo conocemos, pasa. Es una verdad que golpea, especialmente cuando hemos sentido el vacío de una ausencia tan temprana. Hace dos meses, el 13 de junio, Ben regresó a la casa del Padre. Y sé, Alan, Thao, y tú, Ryan, que en este tiempo el tiempo no ha sido breve; el tiempo se ha estirado, se ha vuelto pesado, cargado de un silencio que a veces parece insoportable. San Pablo nos pide que quienes lloran actúen como si no lloraran, que quienes se alegran actúen como si no se alegraran. ¿Qué significa esto ante la pérdida de un hijo, de un hermano? No es una invitación a la frialdad. Es una invitación a poner nuestra mirada más allá de lo inmediato, a recordar que nuestra verdadera casa no está aquí, entre las cosas que se compran y se venden, sino en el 'Banquet of Heaven', donde Ben ahora descansa.
Quiero hablarles directamente a ustedes, que cargan con el peso de la ausencia. Sé que en el silencio de estos dos meses, han surgido preguntas que queman. A veces, la mente nos traiciona y nos hace volver al pasado, buscando si hubo algo que se pudo hacer, si hubo algún signo que se pasó por alto. Por favor, escúchenme bien: Dios no les pide cuentas de lo que no estaba bajo su control. La enfermedad que llevó a Ben a casa no fue un castigo, no fue una omisión, ni fue el resultado de nada que ustedes hicieran o dejaran de hacer. Ustedes fueron para Ben el amor encarnado. Ustedes fueron su hogar, su refugio, su 'cuatro perfecto'. No se acusen de lo que solo Dios comprende. Ustedes no fallaron. El amor que le dieron fue el alimento que sostuvo su alma hasta el último instante. La enfermedad es un misterio que escapa a nuestra voluntad, y Dios no acusa a quienes han amado con tanto esmero. Ustedes están absueltos de toda culpa.
Jesús, en el Evangelio, nos lanza las bienaventuranzas. 'Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados'. No es una promesa barata para el futuro; es una realidad que comienza ahora. Dios está en medio de su llanto. Él no está lejos, observando desde un trono distante. Él está sentado con ustedes a la mesa donde falta Ben. Él está en el recuerdo de sus risas cuando hablaban de 'Con Chim Airlines'. Él está en cada avión que ven cruzar el cielo. Él es el Dios que, como San Pedro Claver, a quien recordamos hoy, se hizo esclavo de los esclavos, se hizo servidor de los más necesitados, porque entendió que el amor cristiano es un amor que se ensucia las manos, que se agota, que se entrega por completo.
Ryan, tu hermano mayor te mira. Él sabe lo que sientes cuando te sientas en la mesa y falta su risa. Pero recuerda esto: él no ha dejado de ser tu hermano. Él sigue estando en tu equipo. Cuando sientas que necesitas fuerzas, cuando sientas que el camino se hace difícil, recuerda su lema: 'Esforzarse es lo único que importa'. No tengas miedo de vivir, de perseguir tus sueños, de ser el niño curioso y brillante que siempre fuiste junto a él. Él está celebrando cada uno de tus pasos desde el 'Banquet of Heaven'. Él no se ha ido de tu vida; se ha convertido en tu intercesor, en ese hermano que, desde la luz, te anima a seguir construyendo tu propia historia, esa historia que él amaba tanto.
Ben era un joven que buscaba la verdad. Y la verdad del Evangelio es que el amor no termina con la muerte. El amor, como Ben nos enseñó, simplemente se transforma en algo eterno. Ese pozo de agua, el 'Giếng Gioan Baotixita' en Cà Mau, que lleva su nombre, es un signo vivo de esto. Cada gota de agua que calma la sed de un niño, cada vida que se refresca gracias a ese gesto, es una extensión de la bondad de Ben. Él sigue dando de beber a los sedientos, sigue siendo una fuente de esperanza. Es un recordatorio de que, aunque la vida de un niño sea corta en años, puede ser infinita en su impacto. Ben no ha dejado de amar; él simplemente ha aprendido a amar de una manera que nosotros, todavía limitados por el tiempo y el espacio, apenas podemos comenzar a imaginar.
¿Qué pueden llevarse hoy al salir de aquí? Les propongo algo pequeño. Hoy, al ver a alguien que necesita una sonrisa, un gesto amable, o incluso una palabra de aliento, háganlo en nombre de Ben. No como un acto de tristeza, sino como un acto de continuidad. Que cada pequeño gesto de bondad sea una forma de decir: 'Ben, aquí seguimos, amando como tú nos enseñaste'. La paz de Cristo, que supera todo entendimiento, los guarde hoy y siempre. No busquen respuestas en el pasado, porque el pasado ya está en manos de Dios. Busquen la presencia de Dios en el presente. Él está en la mesa, está en el patio, está en el silencio de su hogar. Él es el Señor que sana los corazones quebrados. Él les dice hoy, con la misma ternura con la que miró a los discípulos: 'No teman, yo estoy con ustedes'. Ben está en paz, y ustedes, bajo el cuidado de Dios, también encontrarán la suya. Sigan adelante, sigan amando, sigan siendo la familia que él tanto adoraba. El amor no termina; el amor, como Ben nos enseñó, es la única realidad que permanece cuando todo lo demás pasa. Que la Virgen María, que también conoció el dolor de ver a su Hijo en la cruz, los abrace hoy y les susurre al oído que no están solos. Ben está bien, Ben está en casa, y los espera al final del camino.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, les muestre su rostro y les conceda su paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.