En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cierren los ojos por un instante. Imaginen una mano. No una mano cualquiera, sino una mano que ha perdido su fuerza, una mano que se ha quedado rígida, sin poder cerrarse para sostener un lápiz, sin poder abrirse para saludar, sin poder trabajar. En el Evangelio de hoy, Jesús entra en la sinagoga y encuentra a un hombre con la mano atrofiada. Es una imagen que nos golpea porque es una imagen de la limitación, de lo que se ha detenido, de lo que ya no puede cumplir su función. Y los fariseos, en su ceguera, están allí, no para ofrecer consuelo, sino para ver si Jesús 'comete el error' de sanar en sábado. Están tan obsesionados con la ley de la inmovilidad que el sufrimiento humano les resulta invisible.
Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era todo lo contrario a la rigidez. Ben era, en su esencia, movimiento, curiosidad, flujo. Él era el muchacho que, con esa mente brillante y analítica, siempre estaba buscando la siguiente pieza del rompecabezas, ya fuera en un código de programación o en la ruta de vuelo de un avión. Ben era el muchacho que, al ver a su tío William sufrir, no dudó en ofrecer su alcancía, no para presumir, sino porque su corazón, naturalmente, quería restaurar lo que estaba roto. Esa es la lección que Ben nos dejó: la vida no es una serie de normas rígidas que debemos cumplir para no equivocarnos; la vida es un don que se nos da para que lo extendamos, para que lo ofrezcamos, para que lo pongamos al servicio de los demás.
Sé que para ustedes, Alan y Thao, y para ti, Ryan, la vida se siente a veces como esa mano del Evangelio: rígida, detenida, incapaz de seguir el ritmo que antes tenía. Sé que hay días en los que el dolor parece haber paralizado el corazón, y el vacío de Ben se siente como un peso que no les permite estirar la mano hacia el futuro. Pero escuchen lo que Jesús le dice al hombre: 'Levántate y ponte en medio'. Él no lo deja en un rincón, escondido. Él lo trae al centro de la comunidad. Y luego, le da la orden más liberadora del mundo: 'Extiende la mano'.
Quiero hablarles directamente a ustedes, que cargan con el peso de la ausencia. Sé que en el silencio de estos dos meses, han surgido preguntas que queman. A veces, la mente nos traiciona y nos hace volver al pasado, buscando si hubo algo que se pudo hacer, si hubo algún signo que se pasó por alto. Por favor, escúchenme bien: Dios no les pide cuentas de lo que no estaba bajo su control. La enfermedad que llevó a Ben a casa no fue un castigo, no fue una omisión, ni fue el resultado de nada que ustedes hicieran o dejaran de hacer. Ustedes fueron el amor encarnado para Ben. Ustedes fueron su hogar, su refugio, su 'cuatro perfecto'. No se acusen de lo que solo Dios comprende. Ustedes no fallaron. El amor que le dieron fue el alimento que sostuvo su alma hasta el último instante.
En la primera lectura, San Pablo nos habla de la levadura. '¿No saben que un poco de levadura fermenta toda la masa?'. Ben era esa levadura. Su bondad, su sonrisa, su manera de mirar el mundo con asombro, todo eso ha fermentado sus vidas y las de quienes lo conocieron. Él no se ha ido; su influencia sigue trabajando. Ese pozo de agua que lleva su nombre en Vietnam, ese 'Giếng Gioan Baotixita', es una forma en que su vida sigue dando vida. Cada gota de agua que calma la sed de alguien es un eco de la generosidad de Ben. Él sigue siendo, en el 'Banquet of Heaven', el mismo muchacho que quería ayudar a su familia, el mismo hermano que miraba a Ryan con cariño en el asiento trasero del coche.
Ryan, tu hermano mayor te mira. Él sabe lo que sientes cuando te sientas en la mesa y falta su risa. Pero recuerda esto: él no ha dejado de ser tu hermano. Él sigue estando en tu equipo. Cuando sientas que necesitas fuerzas, cuando sientas que el camino se hace difícil, recuerda su lema: 'Esforzarse es lo único que importa'. No tengas miedo de vivir, de perseguir tus sueños, de ser el niño curioso y brillante que siempre fuiste junto a él. Él está celebrando cada uno de tus pasos desde la eternidad.
Jesús, al sanar al hombre, les pregunta a los fariseos: '¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o destruirla?'. Ellos callaron. Pero nosotros no podemos callar. Estamos llamados a elegir la vida, incluso en medio del duelo. Elegir la vida significa permitirse llorar, pero también permitirse sonreír al recordar una anécdota, una risa, un sueño de 'Con Chim Airlines'. Elegir la vida es seguir siendo la familia que Ben adoraba.
No busquen respuestas en el pasado, porque el pasado ya está en manos de Dios. Busquen la presencia de Dios en el presente. Él está en la mesa, está en el patio, está en el silencio de su hogar. Él es el Señor que sana las manos rígidas y los corazones quebrados. Él les dice hoy, con la misma autoridad con la que habló en la sinagoga: 'Extiende la mano'. Extiéndanla hacia la esperanza, extiéndanla hacia el consuelo, extiéndanla hacia el amor que todavía los une a Ben.
¿Qué pueden llevarse hoy al salir de aquí? Les propongo algo pequeño. Hoy, al ver a alguien que necesita una sonrisa o una palabra amable, háganlo en nombre de Ben. No como un acto de tristeza, sino como un acto de continuidad. Que cada pequeño gesto de bondad sea una forma de decir: 'Ben, aquí seguimos, amando como tú nos enseñaste'. La paz de Cristo, que supera todo entendimiento, los guarde hoy y siempre. Ben está en paz, y ustedes, bajo el cuidado de Dios, también encontrarán la suya. No teman. Sigan adelante. El amor no termina con la muerte; el amor, como Ben nos enseñó, simplemente se transforma en algo eterno.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre. Vayan en paz.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.