En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo, que nos enseña el camino más excelente, esté siempre con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
Hermanos, hay momentos en la vida en los que nos detenemos a observar el mundo, no con la mirada de quienes buscan explicaciones, sino con la mirada de quienes simplemente intentan captar un destello de verdad. Piensen por un momento en un niño que, con una curiosidad infinita, se queda mirando el firmamento. No está buscando una respuesta técnica sobre la presión atmosférica o la altitud; está buscando la maravilla de lo que vuela, de lo que trasciende el suelo que pisamos. Ben era así. Él tenía una mente brillante, capaz de navegar por los códigos más complejos de la tecnología, capaz de entender la lógica de un sistema con una sofisticación que dejaba a los adultos asombrados. Pero su verdadera genialidad, la que realmente importa hoy, era su capacidad de maravillarse y de amar con una sencillez que no necesitaba de algoritmos ni de explicaciones.
San Pablo, en esa lectura tan profundamente humana que hemos escuchado, nos habla de un camino más excelente. 'El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso... todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta'. Estas palabras no son un ideal abstracto; son la descripción de una vida que ha encontrado su centro. Ben, en sus quince años, vivió ese camino. Él no solo entendía la lógica; él entendía la gratuidad. ¿Recuerdan ese momento en que, con la inocencia y la bondad de un corazón puro, ofreció su alcancía para ayudar a su tío William? Él no la rompió, no la vació, ni siquiera la entregó físicamente; fue el ofrecimiento, ese deseo de dar todo lo que tenía por alguien a quien amaba, lo que definió su estatura espiritual. Eso es el amor. Eso es lo que permanece cuando todo lo demás, nuestras dudas, nuestras preguntas y nuestros logros, se desvanece.
Sin embargo, debemos ser honestos hoy. El dolor de una ausencia, especialmente la de un hijo, es un peso que a veces nos hace sentir como si estuviéramos en ese mercado del Evangelio, donde Jesús observa a una generación que no encuentra el tono para la vida: 'Tocamos la flauta y no bailaron, cantamos lamentaciones y no lloraron'. A veces, el corazón se siente así: atrapado entre el deseo de celebrar la vida de alguien que fue un regalo tan inmenso, y el deseo de llorar porque el vacío en casa, en la mesa, en los silencios de la mañana, es sencillamente insoportable. Sé que hay noches, Alan y Thao, en las que el silencio de la casa se siente como un eco de esa ausencia. Sé que hay días en los que la mente, intentando protegerlos del dolor, los lleva a recorrer una y otra vez los meses pasados, revisando los detalles, preguntándose si hubo algo que se les escapó, algún síntoma que no vieron, algún camino que pudieron haber tomado para cambiar el destino. Escúchenme con el corazón abierto, porque esta es la verdad que la Cruz de Cristo viene a revelar: ustedes no fallaron. Dios no les está pasando cuentas. La enfermedad que Benjamin enfrentó, esa batalla que él libró con tanta valentía, no fue un castigo, ni fue el resultado de una falta de cuidado. Ustedes fueron para él un refugio, un hogar, el amor hecho carne. Dios no envía el sufrimiento; Dios lo abraza. Y en ese abrazo, ustedes no están solos. No se acusen de lo que está más allá de la voluntad humana. Dios no los acusa, y ustedes deben dejar de acusarse a sí mismos.
Jesús nos dice que la sabiduría es vindicada por sus hijos. Ben es, en su eternidad, la mayor prueba de esa sabiduría. Él no ha dejado de ser ese muchacho brillante, ese hermano que compartía risas y sueños con Ryan, ese hijo que siempre saludaba a su padre con un 'buenos días' que nunca olvidaba. Él ha llegado a la meta. Él camina ahora en la luz, y esa luz es la misma que, a través de ustedes, sigue dando frutos en el mundo. Piensen en el 'Giếng Gioan Baotixita', ese pozo de agua en Cà Mau que lleva su nombre. Ben sigue dando. Él sigue calmando la sed de los que sufren, él sigue siendo ese niño que se preocupa por los demás, incluso desde la eternidad. Su legado no es una lista de logros, sino un flujo constante de amor que no se detiene.
Ryan, sé que a veces te sientes como si estuvieras en una pista de aterrizaje, mirando al cielo esperando un vuelo que parece retrasado. Pero recuerda que tu hermano mayor te ha dejado un mapa. Él te enseñó a ser valiente, a trabajar duro, a no tener miedo de intentar cosas nuevas, como cuando soñaba con su 'Con Chim Airlines'. No tengas miedo de seguir adelante. Tu vida, tu risa, tus sueños, son la continuación de la vida de Ben. Él vive en ti, en la forma en que cuidas de tus padres, en la forma en que recuerdas sus juegos y sus historias. Él no se ha ido a un lugar lejano; él es parte de tu cimiento, de la roca sobre la que estás construyendo tu propia historia. Él es tu hermano, y esa es una conexión que ni siquiera la muerte puede romper.
San Pablo nos dice que ahora vemos como en un espejo, confusamente, pero después veremos cara a cara. Ben ya está viendo cara a cara. Él ya conoce plenamente, tal como es plenamente conocido. Él no tiene dudas, no tiene dolor, no tiene preguntas sin respuesta. Él descansa en el 'Banquet of Heaven', y desde allí, él los mira a ustedes, no con lástima, sino con el amor de un hermano y de un hijo que sabe que el reencuentro es seguro. Cuando sientan que la carga es demasiado pesada, miren a la Cruz. No para buscar respuestas lógicas a un misterio que solo Dios conoce, sino para encontrar consuelo. Miren a Jesús, que también perdió a un hijo, y miren a María, que estuvo al pie de la Cruz con el corazón traspasado, pero que nunca dejó de confiar.
La fe, la esperanza y el amor permanecen, pero la mayor de ellas es el amor. Ese amor que ustedes le dieron a Benjamin, ese amor que ustedes se dan unos a otros en medio de esta tormenta, es lo que los mantiene en pie. No busquen cambiar el mundo entero hoy, ni busquen la respuesta a todas sus preguntas. Simplemente, tengan un gesto de bondad, una palabra amable, un momento de paz, algo que Ben hubiera hecho. Háganlo en su nombre. Al hacerlo, verán que él está vivo, que él camina con ustedes, que él es el hermano que los acompaña en cada paso de este camino. Sigan adelante, con la frente en alto. Sigan amando. El amor es lo único que nos llevamos, y es lo único que permanece cuando todo lo demás se desvanece. La paz de Cristo, que supera todo entendimiento, los guarde hoy y siempre. Confíen en que, en el misterio de la vida, nada de lo que se da con amor se pierde jamás; todo es recogido por Dios, y en Él, todo se hace nuevo.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre. Vayan en paz, sabiendo que son amados profundamente.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.