En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo, que sostuvo a su Madre al pie de la Cruz, esté con todos ustedes.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
A veces, el mundo se detiene en una imagen tan pequeña que casi no la vemos. Imaginen a una madre, María, de pie. No está huyendo, no está buscando explicaciones, no está intentando negociar con el cielo para que el dolor se detenga. Ella simplemente está allí. Al pie de la Cruz. Es la imagen de una fidelidad que no tiene nombre, una presencia que se convierte en el único refugio posible cuando el cielo parece haberse oscurecido por completo.
Hoy, nuestra liturgia nos invita a contemplar a esta Madre bajo el peso de una espada que atraviesa su alma. Y es imposible no pensar en ustedes, Alan y Thao, y en ti, Ryan. Tres meses han pasado desde que Benjamin regresó a la casa del Padre, y sé que el dolor no es una línea recta. Es, más bien, un océano que a veces está en calma y otras veces nos golpea con una fuerza que nos deja sin aliento. Sé que hay días en los que el silencio de la casa, ese espacio donde solía resonar la curiosidad brillante de Ben, se siente como una ausencia que ocupa todo el lugar. Sé que hay noches, Ryan, en las que miras al cielo buscando ese avión que Ben tanto amaba, esa 'Con Chim Airlines' que él imaginaba con tanta alegría, y te preguntas por qué el camino tuvo que desviarse tan pronto.
Quiero decirles algo que es necesario escuchar hoy, con la misma sencillez con la que Ben vivía su fe. A menudo, cuando el dolor nos golpea, nuestra mente busca culpables. Nos preguntamos si hubo algún detalle que pasamos por alto, algún síntoma que no vimos, alguna decisión que, de haber sido otra, habría cambiado el destino. Escúchenme con el corazón abierto: Dios no les está pasando cuentas. La enfermedad que Benjamin enfrentó, esa batalla que él libró con tanta valentía, no fue un castigo, ni fue el resultado de una falta de cuidado. Ustedes fueron para él todo lo que un hijo necesita: un hogar, un refugio, un amor que no conoció límites. No se acusen de lo que está más allá de la voluntad humana. Dios no envía el sufrimiento; Dios lo abraza. Y en ese abrazo, ustedes no están solos.
San Pablo nos recuerda hoy que somos un solo cuerpo. 'Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él'. Esta es la verdad de nuestra fe: el dolor de Ben, el dolor de ustedes, no es un dolor aislado. Es el dolor de toda la Iglesia, es el dolor de Cristo, y es el dolor de María. Cuando Jesús, desde la Cruz, mira a su Madre y al discípulo amado y les dice: 'Mujer, ahí tienes a tu hijo' y 'Ahí tienes a tu madre', no está solo organizando un cuidado para el futuro. Está creando una nueva familia. Él está diciendo que, en el momento de la mayor pérdida, la respuesta de Dios es la comunión. Él nos da a los unos a los otros para que nadie tenga que cargar la Cruz en soledad.
Ben era un niño de una luz extraordinaria. Recuerdo ese rasgo suyo, esa generosidad que no necesitaba ruido ni reconocimiento: cuando, a los doce años, ofreció su alcancía para ayudar a su tío William. Él no necesitaba romperla, ni vaciarla; el simple hecho de ofrecer todo lo que tenía, de querer cargar con el dolor de otro, nos revela la estatura de su espíritu. Ben ya era, en su corazón, un hombre de Dios. Él entendía que la vida no se trata de lo que acumulamos, sino de lo que somos capaces de entregar. Y esa entrega no ha muerto. Ese amor sigue fluyendo en el mundo, como ese pozo de agua que lleva su nombre en Cà Mau, dando vida a quienes más lo necesitan. Ben sigue dando, él sigue siendo ese niño que se preocupa por los demás, incluso desde la eternidad.
Ryan, sé que a veces te sientes como si estuvieras en una pista de aterrizaje esperando un vuelo que parece no llegar. Pero recuerda que tu hermano mayor te ha dejado un legado. Él te enseñó a ser curioso, a trabajar duro, a no tener miedo de intentar cosas nuevas. Él vive en ti. Vive en la forma en que cuidas de tus padres, en la forma en que guardas sus recuerdos, en esa tarjeta de avión que llevas contigo. No tengas miedo de seguir adelante, de reír, de soñar. Ben no se ha ido a un lugar lejano; él ha llegado al 'Banquet of Heaven' y desde allí, él te acompaña. Él es tu hermano, y esa es una conexión que ni siquiera la muerte puede romper.
Al mirar a María al pie de la Cruz, vemos que ella no se quedó atrapada en el 'porqué'. Ella se quedó en el 'para quién'. Ella se quedó allí por amor. Y ese es el único camino que tenemos hoy. No busquen respuestas lógicas a un misterio que solo Dios conoce. Busquen la presencia. Busquen el amor en los pequeños gestos, en el abrazo de un amigo, en el silencio de una oración, en la certeza de que Ben está bien. Él ya no conoce la enfermedad, ya no conoce la duda; él conoce la plenitud de la luz. Y él los espera. Él espera que ustedes sigan amando, que sigan siendo esa familia que él tanto adoró.
Hoy, al salir de aquí, les pido una cosa sencilla. No busquen cambiar el mundo entero hoy, ni busquen la respuesta a todas sus preguntas. Simplemente, tengan un gesto de bondad, una palabra amable, un momento de paz, algo que Ben hubiera hecho. Háganlo en su nombre. Al hacerlo, verán que él está vivo, que él camina con ustedes, que él es el hermano que los acompaña en cada paso de este camino. No están solos. Tienen a la Iglesia, tienen a Dios, y tienen a Ben, que los espera con esa sonrisa que nunca se apaga. Sigan adelante, con la frente en alto. Sigan amando. El amor es lo único que nos llevamos, y es lo único que permanece cuando todo lo demás se desvanece. La paz de Cristo los guarde hoy y siempre.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, que su rostro brille sobre ustedes y les conceda su paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.