En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes. Nos reunimos hoy para escuchar la Palabra de Dios y ofrecer nuestras oraciones.
Señor, ten misericordia. Cristo, ten misericordia. Señor, ten misericordia.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Hoy, seis semanas después de que nuestro querido Benjamin Vo fuera llamado a la casa del Padre, las lecturas nos invitan a reflexionar sobre la fidelidad de Dios y el poder transformador de su Reino. Nos confrontan con la advertencia de Jeremías y la esperanza de las parábolas de Jesús.
En la primera lectura, el profeta Jeremías nos presenta una imagen impactante. El Señor le manda comprar un cinturón de lino, usarlo, y luego esconderlo junto al Parat. Después de mucho tiempo, Jeremías lo recupera y se da cuenta de que está “podrido, inservible”. Y el mensaje del Señor es claro: “Así también dejaré que se pudra el orgullo de Judá… Este pueblo malvado, que se niega a obedecer mis palabras… será como este cinturón que no sirve para nada.” Es una imagen dura, que nos recuerda la importancia de permanecer cerca de Dios, de no dejar que nuestro corazón se aleje y se corrompa.
Pero luego, en el Evangelio, Jesús nos ofrece una visión completamente diferente, llena de esperanza. Nos presenta dos parábolas del Reino de los Cielos. Primero, el Reino es como una “semilla de mostaza que una persona tomó y sembró en un campo. Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, es la más grande de las plantas.” Y luego, el Reino es como la levadura que una mujer mezcla con harina “hasta que toda la masa fermenta”. ¿Ven la transformación, hermanos y hermanas? De lo más pequeño, de lo insignificante, Dios puede hacer algo grande, algo que lo transforma todo.
Nuestro querido Benjamin Vo, Ben, poseía un espíritu amable que se extendía a todos. Era un muchacho que, a pesar de su brillantez, siempre fue profundamente respetuoso con sus padres, siempre sonriendo, siempre feliz. Esa bondad, ese espíritu gentil, no era algo ruidoso o ostentoso, sino una cualidad interior, como una pequeña semilla. Pero, ¿no es verdad que un pequeño gesto de bondad, una sonrisa genuina, un corazón respetuoso, pueden crecer y tocar a otros de maneras que ni siquiera imaginamos? La vida de Ben, con su dulzura y su alegría, fue como esa pequeña semilla de mostaza que, aunque quizás no lo supiera, creció y ofreció refugio a muchos, un lugar donde el amor de Dios se hacía presente. Su vida nos recuerda que la bondad, por pequeña que parezca, tiene un poder transformador en el Reino de Dios.
Para Alan y Thao, para Ryan, para sus abuelos, tíos, tías, primos y todos los que amaron a Benjamin, sé que el dolor es inmenso. Seis semanas es un tiempo para seguir buscando consuelo. Pero la Palabra de Dios nos asegura que, de lo más pequeño, Él hace lo más grande. Ben está ahora en la luz de Cristo, donde su espíritu gentil ha florecido plenamente, donde su vida ha encontrado su propósito eterno. Su recuerdo, su radiante sonrisa y su espíritu gentil, son un faro de esperanza para todos ustedes. Vivan por Ryan, vivan por Ben, vivan en la esperanza que Cristo nos ha dado. Que la memoria de Benjamin les dé la fuerza para seguir adelante, sabiendo que su vida fue un valioso tesoro en el plan de Dios.
Y para todos los que nos acompañan desde lejos, especialmente otros niños que sufren y cada familia que lleva una cruz pesada: sepan que no están solos. Dios los ve, los escucha y los sostiene. En este momento de oración, nos unimos como una sola familia en Cristo, llevando nuestras cargas unos por otros, confiando en que la esperanza es más fuerte que cualquier tristeza. Que la memoria de Benjamin nos inspire a vivir cerca de Jesús, del Padre y de nuestra Santísima Madre María. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que Dios todopoderoso los bendiga, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pueden ir en paz, glorificando al Señor con sus vidas.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.