En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Bienvenidos, hermanos y hermanas, a esta Liturgia de la Palabra y Oración. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Hoy, seis semanas después de que nuestro querido Benjamin Vo fuera llamado a la casa del Padre, celebramos la Fiesta de Santiago Apóstol. Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre la fuerza de la fe en medio de la fragilidad humana, y sobre el verdadero significado de la grandeza en el Reino de Dios.
En la primera lectura, San Pablo nos ofrece una imagen poderosa: “Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que la excelsa grandeza del poder sea de Dios y no nuestra.” ¡Qué verdad tan profunda! Somos frágiles, somos “vasijas de barro”, pero dentro de nosotros llevamos el inmenso tesoro de la vida de Jesús. Pablo nos asegura que, aunque seamos “afligidos en todo, no aplastados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos”. La vida de Jesús se manifiesta en nuestra carne mortal, incluso a través de nuestro sufrimiento. ¿No es esto un consuelo inmenso?
Luego, en el Evangelio, presenciamos una escena muy humana. La madre de Santiago y Juan se acerca a Jesús, pidiéndole un lugar de honor para sus hijos en su Reino. Jesús les pregunta: “¿Pueden beber el cáliz que yo voy a beber?” Y ellos, con un entusiasmo quizás ingenuo, responden: “Podemos”. Jesús les explica que la verdadera grandeza en su Reino no es dominar, sino servir. Dice: “El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor; y el que quiera ser el primero, que sea su esclavo. Así como el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.”
Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era un muchacho de una mente brillante y un corazón excepcionalmente gentil. A pesar de su inteligencia aguda, lo que más lo definía era su profunda empatía por los demás. A los doce años, lloró en el cumpleaños de su padre por el miedo prematuro a perderlo, un testimonio silencioso del vínculo increíblemente profundo y hermoso que compartían. Esa capacidad de sentir por los demás, de conmoverse por el amor, es un reflejo de ese tesoro que Pablo menciona: la vida de Jesús manifestada en una vasija de barro. Ben, con su espíritu amable y su preocupación por los que amaba, nos mostró cómo el servicio y el amor, incluso en los gestos más pequeños, son la verdadera grandeza.
Para Alan y Thao, para Ryan, para sus abuelos, tíos, tías, primos y todos los que amaron a Benjamin, sé que el dolor es inmenso. Seis semanas es un tiempo para seguir buscando consuelo. Pero la Palabra de Dios nos asegura que llevamos un tesoro, la vida de Cristo, y que Él nos sostiene. Ben está ahora en la luz de Cristo, donde la grandeza es el servicio y el amor. Su recuerdo, su radiante sonrisa y su espíritu gentil, son un faro de esperanza para todos ustedes. Vivan por Ryan, vivan por Ben, vivan en la esperanza que Cristo nos ha dado.
Y para todos los que nos acompañan desde lejos, especialmente otros niños que sufren y cada familia que lleva una cruz pesada: sepan que no están solos. Dios los ve, los escucha y los sostiene. En este momento de oración, nos unimos como una sola familia en Cristo, llevando nuestras cargas unos por otros, confiando en que la esperanza es más fuerte que cualquier tristeza. Que la memoria de Benjamin nos inspire a vivir cerca de Jesús, del Padre y de nuestra Santísima Madre María. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, ilumine su rostro sobre ustedes y les conceda la paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.