En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y de Jesucristo el Señor estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Nos reunimos hoy, cinco semanas después de que nuestro querido Benjamin Vo fuera llamado a la casa del Padre. Y las lecturas de hoy nos invitan a una profunda reflexión sobre lo que Dios realmente espera de nosotros, y sobre la verdadera sabiduría.
En la primera lectura, el profeta Miqueas nos presenta un diálogo conmovedor entre Dios e Israel. Dios pregunta: “Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he cansado? ¡Respóndeme!” Y luego, el profeta nos da la respuesta, el corazón de lo que el Señor requiere: “Se te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno, y lo que el Señor exige de ti: Solo practicar la justicia, amar la bondad y caminar humildemente con tu Dios.” ¡Qué palabras tan poderosas y claras! Dios no busca sacrificios grandiosos o ritos vacíos, sino un corazón justo, bondadoso y humilde.
Luego, en el Evangelio, Jesús se enfrenta a los escribas y fariseos que le piden una señal. Y Él les responde que solo se les dará la señal de Jonás: tres días y tres noches en el vientre de la ballena, y luego la resurrección. Jesús les recuerda que algo mucho mayor que Jonás y que la sabiduría de Salomón está presente entre ellos. ¡Pero ellos no lo ven!
¿No es asombroso cómo a veces buscamos señales espectaculares, cuando la verdadera señal, la verdadera sabiduría, está justo frente a nosotros, en la vida misma, en la bondad de los corazones, en la presencia de Cristo? Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era un muchacho que, con su espíritu gentil y su sonrisa radiante, nos recordaba la belleza de la bondad. Ben era el más dulce; siempre sonriendo, feliz sin esfuerzo, y profundamente respetuoso con sus padres. Su vida, aunque breve, fue una muestra de la bondad que Dios siembra en cada uno de nosotros, una bondad que no necesita grandes señales para manifestarse, sino que se revela en los gestos más sencillos y en el amor más puro.
Para Alan y Thao, para Ryan, para sus abuelos, tíos, tías, primos y todos los que amaron a Benjamin, sé que el dolor es inmenso. Cinco semanas es un tiempo corto para asimilar una pérdida tan profunda. Pero la Palabra de Dios nos asegura que Él ve sus lágrimas, escucha sus oraciones y los sostiene. Ben está ahora en la luz de Cristo, en la presencia de Dios, donde la bondad es eterna y la justicia de Dios se ha revelado plenamente. Su recuerdo, su radiante sonrisa y su espíritu gentil, son un faro de esperanza para todos ustedes. Vivan por Ryan, vivan por Ben, vivan en la esperanza que Cristo nos ha dado.
Y para todos los que nos acompañan desde lejos, especialmente otros niños que sufren y cada familia que lleva una cruz pesada: sepan que no están solos. Dios los ve, los escucha y los sostiene. En este momento de oración, nos unimos como una sola familia en Cristo, llevando nuestras cargas unos por otros, confiando en que la esperanza es más fuerte que cualquier tristeza. Que la memoria de Ben nos inspire a vivir cerca de Jesús, del Padre y de nuestra Santísima Madre María. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, ilumine su rostro sobre ustedes y les conceda la paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.