En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Bienvenidos, hermanos y hermanas, a nuestra Liturgia de la Palabra y Oración. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Nos reunimos hoy, cuatro semanas después de que nuestro querido Benjamin Vo fuera llamado a la casa del Padre. La Palabra de Dios de hoy nos invita a una profunda reflexión sobre la vida, la fe y la misericordia divina.
En la primera lectura, vemos al rey Ezequías, mortalmente enfermo, orando con fervor. Dios escucha su súplica, ve sus lágrimas y le concede quince años más de vida. Es un testimonio poderoso del amor de Dios, de su capacidad para intervenir en nuestra historia y de su misericordia que excede todo entendimiento. Nos recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, la oración sincera tiene un poder inmenso.
El Salmo responsorial nos hace eco de esta experiencia: “Salvaste mi vida, Señor; no moriré”. Es un grito de confianza, una afirmación de fe en el Dios que sostiene nuestra existencia. ¿No es esta la esperanza que también nosotros anhelamos, la certeza de que nuestra vida, en su esencia más profunda, está en las manos de Dios?
En el Evangelio, Jesús nos enseña que la misericordia prevalece sobre la ley. Él dice: “Misericordia quiero, no sacrificio”. Esta es una verdad central de nuestra fe. Dios no es un juez frío que busca el cumplimiento estricto de reglas, sino un Padre amoroso que anhela la compasión y el amor en nuestros corazones. Él es Señor del sábado, Señor de la vida, Señor de todo.
Nuestro querido Ben, con su mente brillante y su espíritu gentil, encarnó de muchas maneras esta verdad. Recuerdo su profunda empatía por los demás, una cualidad que revelaba la belleza de su alma. Era un muchacho que, a pesar de su corta edad, comprendía la importancia de la bondad. Su vida, aunque breve, fue un reflejo de la misericordia de Dios, una muestra de cómo una vida joven puede estar llena de propósito y amor.
Para Alan y Thao, para Ryan, para sus abuelos, tíos, tías, primos y todos los que amaron a Benjamin, sé que el dolor es inmenso. Cuatro semanas es poco tiempo para asimilar una pérdida tan profunda. Pero la Palabra de Dios nos asegura que Él ve nuestras lágrimas, escucha nuestras oraciones y nos sostiene. Benjamin está ahora en la luz de Cristo, en la presencia de Dios, donde la misericordia es infinita y la vida es eterna. Su recuerdo, su sonrisa radiante y su espíritu gentil, son un faro de esperanza para todos ustedes. Vivan por Ryan, vivan por Ben, vivan en la esperanza que Cristo nos ha dado.
Y para todos los que nos acompañan desde lejos, especialmente otros niños que sufren y cada familia que lleva una cruz pesada: sepan que no están solos. Dios los ve, los escucha y los sostiene. En este momento de oración, nos unimos como una sola familia en Cristo, llevando nuestras cargas unos por otros, confiando en que la esperanza es más fuerte que cualquier tristeza. Que la memoria de Ben nos inspire a vivir cerca de Jesús, del Padre y de nuestra Santísima Madre María. Amén.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde, que ilumine su rostro sobre ustedes y les conceda la paz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.