En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Bienvenidos, hermanos y hermanas, a esta Liturgia de la Palabra y la Oración. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Las lecturas de hoy nos ofrecen una perspectiva profunda sobre la sabiduría de Dios y la humildad del corazón humano. Isaías nos advierte sobre el orgullo de Asiria, que atribuye a su propia fuerza lo que es instrumento en las manos de Dios. Y el Salmo 94 nos asegura que, a pesar de las apariencias, "El Señor no abandona a su pueblo".
Luego, Jesús, en el Evangelio de Mateo, exclama con alegría: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños". ¡A los pequeños! Qué hermosa verdad, qué consuelo tan profundo.
Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era uno de esos 'pequeños' a quienes el Padre revela grandes verdades. Benjamin tenía una mente brillante, sí, una curiosidad insaciable que lo llevó a explorar el mundo y la tecnología con una pasión asombrosa. Pero más allá de su intelecto, lo que realmente definía a Ben era su corazón tierno, su sonrisa fácil y su respeto por los demás. Era un alma gentil, un espíritu que irradiaba alegría.
Hoy, cuatro semanas después de que Ben partiera hacia la casa del Padre, su recuerdo sigue vivo. Y al contemplar la vida de Ben, pensamos en esa faceta suya: su amor por la aviación, por ver los aviones despegar y aterrizar. Era un pasatiempo que compartía con su padre, un simple acto que, sin embargo, revelaba una profunda curiosidad y un anhelo de ver el mundo desde nuevas alturas. ¿No es esto, acaso, una imagen de cómo Dios nos eleva, nos permite ver más allá de lo terrenal?
La vida de Benjamin, aunque breve, fue un testimonio de la bondad de Dios. Nos recuerda que la verdadera sabiduría no está solo en el conocimiento, sino en la capacidad de amar, de maravillarse, de vivir con un corazón de niño. Ben, con su espíritu amable y su amor por la vida, nos enseñó a todos a mirar el mundo con ojos más puros.
Para sus padres, Alan y Thao, y para su hermano Ryan, y para todos los tíos, tías y seres queridos que extrañan a Ben inmensamente… sé que el dolor es profundo. Pero Jesús nos dice que el Padre revela estas cosas a los pequeños, y Ben está ahora en la presencia de ese Padre, conociendo la plenitud de esa revelación. El Señor no abandona a su pueblo. Él no los abandona a ustedes. Él los sostiene en su dolor y les ofrece la esperanza que trasciende toda comprensión.
Y para todos los que nos acompañan hoy, especialmente para otros niños que sufren y para cada familia que lleva una cruz pesada… sepan que no están solos. Dios los ve, los escucha y los abraza. En cada lágrima, en cada suspiro, Él está presente, revelando su amor a los corazones humildes. Que la vida de Benjamin nos inspire a vivir con un corazón más cercano a Jesús, a María, nuestra Madre, y al Padre, confiando en que Él nunca nos abandona.
For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Que el Señor los bendiga y los guarde; que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ustedes y les conceda su paz. Amén.
✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.