Fue un joven cristiano que, tras naufragar en el Mar Rojo, fue llevado como siervo a la corte del Reino de Aksum, en la actual Etiopía. Tras años de servicio fiel y labor misionera, fue consagrado obispo por San Atanasio de Alejandría, convirtiéndose en el primer obispo de la nación etíope.
Su ejemplo nos muestra cómo la Providencia puede transformar una adversidad en una oportunidad para servir a Dios en tierras lejanas. Nos invita a ser testigos del Evangelio con humildad y constancia, sin importar las circunstancias en las que nos encontremos.
San Frumencio, tú que llevaste la luz de Cristo a Etiopía, intercede por nosotros para que sepamos compartir nuestra fe con alegría y seamos instrumentos de gracia en nuestro entorno. Amén.Enter today’s Mass → All saints →